La guerra en Medio Oriente no solo está tensando al mundo.
También está obligando al Gobierno dominicano a hacer algo poco común: sentarse con todos.
Incluso con sus adversarios.
El Ejecutivo iniciará una ronda de reuniones con líderes políticos, comenzando con el expresidente Danilo Medina y continuando con Leonel Fernández, en un intento de construir un acuerdo nacional frente a la crisis internacional.
No es protocolo.
Es necesidad.
Lo que está pasando
El Gobierno reconoce que el conflicto en Medio Oriente —y su impacto en petróleo, precios y economía— no puede manejarse solo desde el Estado.
Por eso:
- convocó al sector empresarial
- ahora convoca a la oposición política
- y plantea un consenso nacional
“Esta es una crisis que no es nuestra, pero que nos está afectando”, admitió el ministro José Ignacio Paliza.
La frase es clave.
Porque rompe con la narrativa habitual de control.
El dato que lo cambia todo
El propio Gobierno lo dijo sin rodeos:
“El Gobierno no puede solo.”
Eso, en política dominicana, no es menor.
Es una admisión estructural.
Lo que se está discutiendo realmente
No se trata solo de geopolítica.
Se trata de:
- precios del petróleo
- costo de los alimentos
- presión sobre la economía local
- impacto directo en el bolsillo
El objetivo oficial es claro:
proteger la estabilidad económica y social, especialmente de los sectores más vulnerables.
Pero el margen es limitado.
La lectura de fondo
Desde una perspectiva socialdemócrata, este movimiento revela algo más profundo que un gesto de unidad.
Revela fragilidad.
Porque cuando un gobierno convoca a todos los actores —empresarios, oposición, sectores productivos— lo que está diciendo, sin decirlo, es que:
el problema supera su capacidad individual.
Y eso es exactamente lo que está pasando.
La política entra en modo crisis
El propio Paliza lo dejó claro:
“Este es un momento que nos une a todos… no es un momento de valores políticos.”
La intención es bajar la confrontación.
Pero también evidencia algo incómodo:
la política tradicional no tiene respuestas suficientes para crisis globales de esta magnitud.
Lo que está en juego
No es solo un acuerdo.
Es la capacidad del país de:
- anticipar el impacto económico
- amortiguar el golpe social
- evitar que la crisis externa se convierta en crisis interna
Porque República Dominicana no controla la guerra.
Pero sí sufrirá sus consecuencias.
La pregunta inevitable
No es si habrá reuniones.
Eso ya está ocurriendo.
La pregunta es otra:
¿puede un acuerdo político realmente proteger a la población… cuando el problema viene de fuera y el margen de maniobra es tan limitado?










