Estados Unidos comenzó a devolver miles de millones de dólares en aranceles cobrados ilegalmente durante la etapa Trump. La cifra total ronda los US$166,000 millones y el reembolso se canaliza a través del sistema aduanero federal tras el fallo de la Corte Suprema que invalidó esos gravámenes impuestos bajo poderes de emergencia. En ese esquema, la República Dominicana pagó solo en 2025 unos US$440 millones por ese concepto al exportar hacia el mercado estadounidense.
Pero el punto más importante no está en el reembolso en sí, sino en a quién le llegará. El dinero será devuelto a las empresas importadoras que pagaron formalmente esos aranceles ante Aduanas, no a los consumidores que absorbieron el aumento de precios en productos, insumos y bienes finales. Reuters explicó ya en febrero que cerca del 90 % del costo de esos aranceles fue trasladado a los estadounidenses, mientras que el mecanismo de devolución beneficia jurídicamente a los importadores registrados.
Ahí está la verdadera distorsión. El mercado hizo lo de siempre: trasladó el costo hacia abajo cuando tocó cobrar y ahora concentra el alivio hacia arriba cuando toca devolver. El consumidor pagó más en caja, asumió el golpe inflacionario y sostuvo con su bolsillo una política comercial declarada ilegal. Pero cuando llega el momento de corregir el abuso, no aparece como sujeto del reembolso. Aparecen las empresas.
La medida reabre una discusión más profunda sobre la justicia económica del sistema. Los aranceles fueron presentados como una herramienta de presión comercial y de defensa industrial, pero en la práctica funcionaron muchas veces como un impuesto indirecto al consumo. El problema es que, una vez anulados, la estructura legal no repara al eslabón que cargó con el costo final. Repara al que figura en el expediente aduanero.
Para países exportadores como República Dominicana, el tema no es menor. Diario Libre reportó que el país pagó US$440 millones solo en 2025, una cifra que refleja el peso de esas barreras sobre una economía que depende del acceso fluido al mercado estadounidense. Aunque el reembolso favorece a importadores en EE. UU., no corrige automáticamente el daño comercial, los cambios de precio ni la presión que ya recayó sobre consumidores y cadenas de suministro.
Lo ocurrido deja una lección incómoda. En el comercio internacional contemporáneo, los errores del poder se cobran rápido y se devuelven lento. Y cuando por fin se devuelve el dinero, casi nunca vuelve al lugar donde realmente dolió.










