Santo Domingo. Un estudio reveló que apenas 2 % de los motociclistas del Distrito Nacional utiliza espejos retrovisores, un dato que expone la magnitud del desorden vial y la baja cultura de seguridad entre uno de los sectores más vulnerables del tránsito dominicano.
La cifra es alarmante porque las motocicletas están involucradas en una parte significativa de los accidentes de tránsito del país. Circular sin retrovisores reduce drásticamente la capacidad de reacción del conductor y aumenta el riesgo de choques, maniobras bruscas y atropellos.
El problema no es menor.
El retrovisor no es un adorno.
Es una herramienta básica de supervivencia vial.
Pero en República Dominicana, donde demasiadas veces la calle parece una competencia informal entre imprudencia, prisa y fe religiosa, incluso lo elemental termina siendo opcional.
El estudio vuelve a colocar sobre la mesa una realidad incómoda: no basta con construir elevados, ampliar avenidas o endurecer multas si una parte importante de los conductores no respeta las reglas mínimas de seguridad.
El tránsito dominicano necesita fiscalización.
Pero también educación.
Y, sobre todo, consecuencias.
Porque una ciudad donde miles de motocicletas circulan sin retrovisores, sin casco adecuado o haciendo maniobras temerarias no tiene simplemente un problema de movilidad.
Tiene un problema de cultura cívica sobre ruedas.










