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La fiebre de la inteligencia artificial podría convertirse en una crisis financiera

Estados Unidos proyecta invertir US$7 billones en centros de datos durante los próximos cuatro años, cada vez con más deuda y sin garantías de que la tecnología produzca los beneficios esperados

Nueva York. Estados Unidos se prepara para invertir alrededor de US$7 billones en centros de datos durante los próximos cuatro años para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial.

La cifra es gigantesca. También lo es el riesgo.

Un análisis de The Wall Street Journal advierte que, si esas inversiones continúan financiándose con deuda y la inteligencia artificial no produce las mejoras de productividad prometidas, el auge podría terminar golpeando al sistema financiero y a la economía estadounidense.

El problema no es que exista entusiasmo por una nueva tecnología. Eso ocurre en cada revolución industrial.

El problema aparece cuando el entusiasmo se combina con crédito, especulación y proyectos construidos bajo la suposición de que la demanda crecerá indefinidamente.

Durante los últimos años, Estados Unidos ha atravesado varias burbujas menores impulsadas por dinero barato y apuestas financieras. La mayoría terminó con pérdidas para inversionistas, pero sin provocar una crisis mayor porque no estaba sostenida por grandes niveles de endeudamiento.

La inteligencia artificial podría ser diferente.

Las empresas tecnológicas necesitan centros de datos, chips avanzados, redes eléctricas, sistemas de refrigeración y enormes cantidades de energía. Construir esa infraestructura exige inversiones que incluso las compañías más poderosas comienzan a financiar mediante deuda.

Si los ingresos generados por la IA no alcanzan para cubrir esos compromisos, las pérdidas ya no quedarían limitadas a unas cuantas acciones tecnológicas.

Podrían alcanzar bancos, fondos de inversión, mercados de crédito y empresas vinculadas a la construcción y operación de los centros de datos.

La reciente caída de una burbuja en los chips de memoria mostró la velocidad con que pueden formarse y desaparecer estos ciclos. En apenas cuatro meses se produjo una fuerte volatilidad y cayó un fondo de cobertura, aunque el resto del mercado logró absorber el golpe.

El S&P 500 permanece cerca de sus máximos históricos porque las pérdidas en empresas asociadas con la inteligencia artificial han sido compensadas por otros sectores.

Eso demuestra que todavía no existe una crisis general.

Pero la advertencia ya está sobre la mesa.

La inteligencia artificial puede transformar la economía y, al mismo tiempo, producir una burbuja. Internet hizo ambas cosas.

La pregunta no es si la tecnología funciona.

La pregunta es cuánto dinero se está apostando, cuánta deuda sostiene esa apuesta y qué ocurrirá si los beneficios llegan más tarde de lo prometido.

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