El informe oficial del Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (OC-SENI) concluye que el apagón del 11 de noviembre no tuvo una sola causa, sino una cadena de fallas humanas y técnicas que terminó dejando sin luz a todo el país. El disparo de la unidad 2 de la Central Termoeléctrica Punta Catalina fue el golpe final que derrumbó la estabilidad del sistema.
Según el documento, todo comenzó en la subestación de 138 kV San Pedro de Macorís I, donde se hizo una desconexión manual de una línea que todavía estaba energizada. Ese error generó un cortocircuito de alta intensidad y activó los esquemas de protección, sacando de servicio varias líneas cercanas para intentar aislar la falla.
Como efecto dominó, la generación del Este, unos 575 MW, quedó separada del resto del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado, creando un desbalance inmediato entre la energía disponible y la demanda. Ante ese desajuste, varias plantas de gran capacidad se dispararon automáticamente para proteger sus equipos, conforme a sus propios sistemas internos de seguridad.
En ese contexto ya frágil, la unidad 2 de Punta Catalina salió del sistema a la 1:25 p. m. por una falla interna: una anomalía en el nivel del domo activó las protecciones del sistema de combustión y del suministro de carbón, lo que provocó la detención en cadena de los molinos pulverizadores y de los grupos de quemadores. Esa salida coincidió con la caída de la frecuencia eléctrica y terminó por colapsar todo el sistema.
El propio informe reconoce que, durante el primer evento, Punta Catalina 2 se mantuvo estable, pero subraya que su desconexión posterior fue determinante para que la frecuencia se desplomara y el país quedara completamente a oscuras. Según el OC-SENI, el apagón fue, en síntesis, el resultado de una operación manual incorrecta, una reacción automática en cascada y una falla interna en una de las principales generadoras del país.









