Llegar al siglo de vida con buena salud no es solo cuestión de suerte ni de genética: lo que comemos puede sumar hasta una década más de vida saludable, según múltiples investigaciones recientes.
Un estudio liderado por Lars Fadnes, de la Universidad de Bergen (Noruega), analizó los datos del Global Burden of Disease Study y halló una conclusión contundente: las dietas occidentales —ricas en carnes procesadas, azúcares y cereales refinados— acortan la esperanza de vida, mientras que una alimentación basada en granos integrales, frutas, verduras, frutos secos y pescado puede alargarla hasta diez años.
Fadnes demostró que incluso cambios moderados desde la mediana edad, como reemplazar carne roja por legumbres o aumentar el consumo de cereales integrales, pueden extender la vida, especialmente en mujeres.
“Eliminar los ultraprocesados y priorizar frutas, verduras y cereales integrales es una de las medidas más efectivas para vivir más y mejor”, concluyen los expertos.
Las claves de quienes superan los 95 años
La investigadora Zhaoli Dai-Keller, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), analizó los hábitos de miles de personas mayores de 95 años en Asia, Australia y Europa. La mayoría vivía de forma independiente y seguía dietas variadas, bajas en sal y ricas en alimentos naturales.
Solo una cuarta parte consumía alcohol.
“El exceso de sodio está directamente asociado a la hipertensión y las enfermedades cardíacas, principales causas de muerte en el mundo”, señaló Dai-Keller.
Casos como los de María Branyas Morera (117 años) y Jeanne Calment (122 años) refuerzan la idea de que la longevidad se apoya en rutinas simples: yogur, aceite de oliva, chocolate y una copa ocasional de vino.
El poder de la dieta mediterránea
Otra investigación, de Harvard T.H. Chan School of Public Health, siguió durante tres décadas a más de 105,000 personas. Solo el 10% llegó a los 70 años sin enfermedades graves ni deterioro cognitivo, y casi todos seguían una dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva, pescado y muy poca carne roja o sal.
“La calidad de lo que comemos importa más que la cantidad. Comer bien desde los 40 años tiene efectos directos en la longevidad”, concluyen las autoras.
Los cuatro pilares de la vida larga
- Alimentos frescos y naturales: predominan los vegetales y se evitan los ultraprocesados.
- Grasas saludables: aceite de oliva, frutos secos y pescado azul.
- Moderación en sal y azúcar: claves para prevenir enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
- Alcohol responsable: en pequeñas cantidades y siempre en contextos sociales.
En síntesis, la longevidad no se encuentra en una píldora ni en una moda dietética, sino en el equilibrio, la naturalidad y la constancia.
Comer como en el Mediterráneo, moverse con regularidad y disfrutar de la vida con moderación parecen ser, al final, las verdaderas recetas para vivir más y mejor.








