Diez meses después del colapso del techo de la discoteca Jet Set, un extrabajador volvió a la zona cero y afirmó que advirtió fallas antes de la tragedia. Según su testimonio, había señales visibles y reportes internos que nunca recibieron respuesta efectiva. El relato reabre la herida y agrega presión sobre las responsabilidades pendientes en Santo Domingo, donde ocurrió el siniestro que dejó más de dos centenares de víctimas mortales. Diversas investigaciones han documentado alertas previas de empleados y problemas estructurales arrastrados por años.
El acto de memoria del trabajador coincide con las misas y concentraciones que familiares y activistas han sostenido en la “zona cero” para exigir justicia. En meses recientes, el sacerdote Rogelio Cruz pidió perdón “por la indolencia” institucional, mientras el proceso judicial avanza con medidas de coerción para los dueños del local y la declaratoria de caso complejo.
La cronología del caso recoge decisiones cuestionadas en materia de supervisión de obras privadas y reformas estructurales sin la debida evaluación técnica, un vacío normativo que el propio Gobierno admitió que debe corregirse. Para las víctimas, el testimonio del extrabajador refuerza la tesis de que el desastre fue evitable.
Contexto en tres claves
- Advertencias ignoradas: empleados habían alertado sobre daños, pero el local siguió operando hasta la noche del colapso.
- Memoria y presión social: actos mensuales en la zona cero mantienen vivo el reclamo de sanciones proporcionales.
- Responsabilidades en disputa: el caso fue declarado complejo; se señalan negligencias estructurales y fallas en la fiscalización pública.
Redacción Factor Mundo.










