El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó que las fuerzas de EE. UU. e Israel lograrán “control total” del espacio aéreo de Irán en cuestión de días y lanzó una advertencia directa: habrá “muerte y destrucción desde el cielo durante todo el día”.
En sus declaraciones, Hegseth sostuvo que las dos fuerzas aéreas “más poderosas del mundo” dominarán los cielos iraníes mientras continúen las operaciones, y aseguró que Teherán “no podrá hacer nada al respecto”. Según su descripción, el esfuerzo militar incluye bombarderos estratégicos, drones y cazas, con capacidad para mantener patrullaje constante, escoger blancos y ejecutar ataques de manera sostenida.
El tono del Pentágono refuerza la narrativa de una campaña aérea de máxima presión, diseñada para debilitar la respuesta iraní y reducir su margen de maniobra. En paralelo, el mensaje añade combustible a la escalada regional: el conflicto ya está impactando energía, transporte marítimo y mercados, y declaraciones de este tipo aumentan la probabilidad de represalias y de expansión del teatro de guerra.
Más allá del efecto militar, la frase marca un giro político: Washington está comunicando la operación como una demostración de superioridad aérea y como advertencia a cualquier actor que intente interferir o responder en la región. El riesgo inmediato es el mismo de siempre cuando se usa lenguaje absoluto en un conflicto volátil: que el siguiente paso sea difícil de desescalar sin perder “autoridad” ante el público interno y ante aliados.










