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Remesas récord: quién se queda con los dólares que manda la diáspora

Entre enero y octubre de 2025, a la economía dominicana le cayó una lluvia de casi 9,900 millones de dólares en remesas. No salió de ningún ministerio ni de un organismo internacional, sino de la gente que vive fuera y sigue pagando la nevera de su familia aquí. Ese flujo es un 10.8 % mayor que en igual período del año pasado y pone al país en ruta para superar los 11,700 millones de dólares al cierre de 2025.

Solo en octubre entraron 965.6 millones de dólares, unos 53 millones más que en octubre de 2024. No es un pico aislado: es la confirmación de que la diáspora se volvió una especie de segundo Presupuesto Nacional en dólares, funcionando en paralelo al Estado, pero sin burocracia ni ruedas de prensa.

El verdadero “ministerio” de las remesas

El corazón de este sistema está donde siempre: Estados Unidos. Desde allá llegó alrededor del 80 % del dinero formal enviado en octubre, unos 720 millones de dólares. El dinamismo del sector servicios en ese país mantiene encendida la máquina: mientras haya empleo para dominicanos en restaurantes, hoteles, construcción, transporte y otros servicios, aquí seguirán sonando los “ting” de las remesas en colmados y cuentas de ahorro.

Detrás de Estados Unidos aparecen otros nodos importantes:

  • España, con algo más del 7 % del total mensual.
  • Italia, Haití y Suiza, rondando cada uno cerca del 1.5 %.
  • Más atrás, países como Canadá y Francia completan el mapa.

La diáspora ya no es solo “los que se fueron para Nueva York”. Es una red repartida por varios centros económicos que, sin coordinarse, mantiene una manguera de dólares abierta hacia República Dominicana.

Dónde caen los dólares

El reparto interno también cuenta una historia. Casi la mitad de las remesas de octubre (cerca del 47.5 %) se quedó en el Distrito Nacional, seguido por Santiago y la provincia Santo Domingo. Es decir, alrededor de dos terceras partes del dinero enviado por la diáspora termina en las áreas metropolitanas.

Eso tiene dos lecturas:

  1. Las ciudades concentran la clase media y trabajadora con familiares fuera.
  2. Muchos de esos recursos no solo pagan colmado: también financian alquileres, colegios privados, vehículos y pequeñas inversiones urbanas.

Mientras tanto, provincias con menos población y menos emigrantes reciben un flujo mucho menor, lo que refuerza la desigualdad territorial. La remesa es alivio, pero también es un multiplicador de brechas: donde más gente tuvo que irse, más dólares llegan.

Remesas, turismo y exportaciones: el escudo externo

Sumando remesas, turismo, exportaciones e inversión extranjera directa, la economía dominicana generaría este año más de 46,000 millones de dólares en divisas:

  • Remesas: más de 11,700 millones.
  • Exportaciones: unos 14,900 millones.
  • Turismo: alrededor de 11,200 millones.
  • Inversión extranjera directa: más de 4,800 millones.

Esa combinación explica por qué, a pesar de tensiones globales, el tipo de cambio se ha mantenido relativamente estable y las reservas internacionales rondan niveles que cubren varios meses de importaciones, por encima de lo recomendado por los organismos multilaterales.

Traducido: el país tiene colchón. Y dentro de ese colchón, la capa más emocional y menos reconocida son los dólares que envía la diáspora cada mes.

La política social invisible

Cuando se habla del “efecto multiplicador” de las remesas sobre consumo e inversión, en el fondo se está diciendo algo simple: en muchos hogares, la política social principal no viene del Estado ni de una ONG, viene de un familiar en el exterior.

Con esos envíos se pagan:

  • comida,
  • medicinas,
  • útiles escolares,
  • mejoras de vivienda,
  • pequeños negocios familiares.

Mientras se discuten programas y reformas, la realidad es que miles de dominicanos pobres y de clase media baja viven en equilibrio gracias a una transferencia privada que no pasa por el Congreso.

El riesgo es claro: cuando una parte grande del tejido social depende de un ingreso atado al mercado laboral de otro país, el margen de maniobra interna se reduce. Si Estados Unidos entra en recesión, el golpe llega primero a los hogares dominicanos y después al resto de indicadores.

¿Quién se queda con esos dólares?

En el camino desde el bolsillo del migrante hasta la mesa de la familia ocurren varias cosas:

  1. Intermediarios financieros (bancos, remesadoras, fintech) capturan una fracción en comisiones, tipos de cambio y servicios asociados.
  2. Comercios y servicios locales absorben gran parte del flujo: supermercados, farmacias, transporte, educación, vivienda.
  3. El sector financiero termina recibiendo otra porción vía pagos de préstamos, tarjetas y ahorro formal.

En última instancia, los dólares que manda la diáspora terminan sosteniendo:

  • consumo interno,
  • utilidades de empresas locales,
  • estabilidad bancaria,
  • y, de manera indirecta, la recaudación fiscal.

El Estado se beneficia sin haber puesto un peso en la generación de ese ingreso.

De “orgullo dominicano” a estrategia de Estado

Los números de 2025 confirman que la diáspora no es un tema de nostalgia ni solo de “orgullo dominicano en el exterior”. Es un actor económico estructural:

  • sostiene consumo,
  • amortigua pobreza,
  • alimenta reservas,
  • estabiliza el tipo de cambio.

Pero la política hacia esa diáspora sigue siendo, en gran medida, simbólica: actos, fotos, promesas y poco diseño estratégico.

Si el país sabe que cada año entrarán más de 11,000 millones de dólares por remesas, la pregunta incómoda es:

¿Vamos a seguir tratando ese dinero solo como alivio familiar,

o vamos a construir instrumentos para que una parte también financie vivienda digna, emprendimientos productivos y proyectos comunitarios bien diseñados?

Por ahora, los datos dicen esto:

mientras se discute quién gobierna el presupuesto en pesos, hay otro presupuesto en dólares que gestionan, en silencio, millones de dominicanos que un día hicieron una maleta y se fueron.

La economía dominicana tiene muchas fortalezas.

Una de las más grandes, y menos reconocidas, firma los envíos desde el Bronx, Madrid, Milán o Montreal. Y esa gente ya lleva casi 9,900 millones de razones en lo que va de año para que el país empiece a tomárselos en serio.

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