Hace más de quince años, Rusia inició la construcción del cosmodromo de Vostochni, una gigantesca base espacial en el extremo oriente del país. El objetivo era claro: poner fin a la dependencia del legendario Baikonur, el histórico sitio de lanzamientos en Kazajistán, símbolo de la era soviética y de una cooperación que Moscú ya no deseaba mantener.
El proyecto debía representar la autosuficiencia tecnológica de Rusia y ser un motor de desarrollo económico, generando miles de empleos y decenas de lanzamientos al año. Sin embargo, pronto se convirtió en lo contrario: un monumento a la burocracia, la mala gestión y los escándalos financieros, un reflejo de las grietas en las grandes ambiciones nacionales.
Huelgas de hambre, salarios impagos y denuncias de corrupción siguieron a la puesta en marcha del proyecto. Las investigaciones oficiales estiman que más de 120 millones de dólares han sido malversados desde su inicio. Cada intento del gobierno por “restablecer el orden” solo destapó nuevas fisuras en el sistema que sustentaba el cosmodromo.
Luces Apagadas en el Corazón de la Carrera Espacial Rusa
A pesar del caos, dos plataformas de lanzamiento se completaron: una para las veteranas naves Soyuz (en 2016) y otra para el moderno cohete Angara (en 2024). Sin embargo, el progreso fue insuficiente para mantener vivo el sueño.
Ahora, la constructora PSO Kazan, encargada de gran parte de las obras, ha recibido un golpe humillante: el proveedor local cortó el suministro eléctrico por una deuda superior a los 627.000 dólares. Sin electricidad, los trabajos se paralizan y la quiebra está a la vista.
La ironía es amarga. PSO Kazan había sido excluida inicialmente del proyecto por supuestos vínculos con actividades criminales y constantes retrasos. Pero Roscosmos, la agencia espacial rusa, terminó recurriendo a ella cuando ninguna otra empresa aceptó las condiciones de un contrato considerado prácticamente imposible de cumplir. Desde el lanzamiento inaugural del cohete Angara, nada más ha despegado desde el brillante (y ahora silencioso) complejo.
Cuando la Oscuridad Simboliza el Ocaso
El apagón de Vostochni no es solo un episodio burocrático más: es la metáfora perfecta de un país que fue pionero en la exploración espacial y hoy lucha por mantenerse a flote. Las sanciones internacionales, la falta de piezas importadas y la fuga de ingenieros han dejado a la industria aeroespacial rusa sumida en una crisis profunda.
Mientras tanto, el resto del mundo avanza a pasos agigantados. SpaceX lanza cohetes reutilizables cada semana, China consolida su presencia en la Luna, la NASA prepara misiones a Marte, e incluso la India celebra sus éxitos orbitales. En comparación, la Rusia que una vez tocó las estrellas parece atrapada en un pasado que ya no despega.
El cosmodromo de Vostochni debía ser el amanecer de una nueva era tecnológica. En cambio, se ha convertido en un recordatorio sombrío: incluso los imperios que una vez tocaron las estrellas pueden apagarse si su propio sistema apaga la luz desde adentro.










