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Qalibaf advierte a Trump: si la guerra sigue, se paraliza el petróleo y el mundo paga la factura

El presidente del Parlamento de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, lanzó una advertencia directa al presidente de Estados Unidos, Donald Trump: si el conflicto continúa, la región entrará en un escenario donde no habrá forma de sostener la producción ni la venta de petróleo, con consecuencias económicas globales.

Qalibaf cuestionó la narrativa de la Casa Blanca sobre los precios, recordando que Trump había prometido que el petróleo no se dispararía y que, tras la subida, ahora asegura que se corregirá “por sí sola”. Para el líder legislativo iraní, ese argumento no se sostiene: el costo energético ya está aumentando y la guerra empuja al mercado hacia una espiral de incertidumbre.

La advertencia se produce en un momento crítico. Gran parte del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz se ha reducido, un punto estratégico por donde circula cerca del 20% del petróleo que se mueve por mar en el planeta. Con menos tránsito y más riesgo, el seguro marítimo sube, los cargamentos se retrasan y el mercado comienza a descontar escasez, aunque el petróleo siga fluyendo parcialmente.

El impacto ya se refleja en los precios. En los últimos días, el barril ha registrado alzas que lo colocan por encima de los 85 dólares, presionando a sectores como transporte, aviación, logística, electricidad e industria. Cada dólar extra en el crudo se traduce en una cadena de aumentos que termina tocando el bolsillo del consumidor en cualquier país, especialmente en economías importadoras.

Qalibaf también acusó a Estados Unidos de sacrificar sus propios intereses energéticos por una estrategia militar alineada con Israel, afirmando que el costo no lo pagará solo Washington, sino también los países de la región y el resto del mundo. En otras palabras: el conflicto ya no es solo geopolítico; se está convirtiendo en un problema de energía, inflación y estabilidad económica global.

La tensión se agravó tras reportes de ataques a instalaciones energéticas en Irán y medidas internas como el racionamiento de gasolina en zonas urbanas, señales de que la guerra está empezando a tocar la infraestructura y el consumo, no solo la retórica.

En el fondo, el mensaje de Teherán es claro: si la escalada sigue, el petróleo deja de ser un producto y vuelve a ser un arma. Y cuando el petróleo se convierte en arma, nadie gana barato.

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