Santo Domingo. El Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) informó que cualquier eventual transición hacia un esquema más amplio de transporte nocturno de carga deberá construirse mediante consenso con todos los sectores involucrados, incluyendo transportistas, industria, comercio y operadores logísticos.
La posición surge después del intenso debate nacional generado por la propuesta de restringir durante el día la circulación de vehículos pesados en el Gran Santo Domingo, una medida que busca reducir la congestión vehicular y disminuir accidentes de tránsito.
El director del INTRANT, Milton Morrison, reiteró que el proceso será abierto y participativo, reconociendo que trasladar una parte importante del transporte de carga al horario nocturno implica costos operativos que deben ser evaluados cuidadosamente.
Entre los aspectos que están sobre la mesa figuran:
- costos laborales por trabajo nocturno;
- operación de almacenes y centros logísticos;
- seguridad de las mercancías;
- abastecimiento de comercios;
- coordinación con puertos y zonas industriales;
- impacto sobre precios finales de productos.
La discusión ha comenzado a revelar algo interesante.
Al principio parecía un debate exclusivamente de tránsito.
Ahora se está convirtiendo en un debate económico.
Mover una patana de noche puede aliviar un tapón.
Pero también puede implicar personal adicional, vigilancia, iluminación, turnos especiales y cambios en toda la cadena de suministro.
La Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) ya había advertido que cualquier decisión debe analizarse de manera integral para evitar afectar el abastecimiento de alimentos, medicamentos, combustibles y otros bienes esenciales.
El fondo del asunto es que ambas partes tienen razón.
La ciudad está colapsando.
Pero la economía también necesita seguir funcionando.
República Dominicana parece haber llegado a ese punto donde el crecimiento le está pasando factura a su infraestructura.
Más vehículos.
Más carga.
Más consumo.
Más movimiento.
Y las mismas calles intentando soportarlo todo.
El reto para el Gobierno será encontrar una fórmula que reduzca la presión sobre el tránsito sin trasladar costos excesivos a la producción y al consumidor.
Porque una política pública exitosa no es la que elimina un problema para crear otro.
Es la que logra que la ciudad respire sin asfixiar la economía.










