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Combustibles vuelven a subir: la crisis global ya llegó al bolsillo dominicano

La guerra en Medio Oriente ya no se siente solo en los mercados internacionales ni en los discursos oficiales. Ya se siente en las estaciones de gasolina. Para la semana del 11 al 17 de abril de 2026, el Gobierno dispuso aumentos en los principales combustibles, con la gasolina premium subiendo hasta RD$314.70 por galón y la regular hasta RD$297.10. 

El ajuste también alcanza al gasoil. El regular pasó a RD$249.80 por galón y el óptimo a RD$267.10, mientras el GLP se mantuvo congelado en RD$137.20 y el gas natural en RD$43.97 por metro cúbico. 

No es una corrección menor. Apenas una semana antes, el MICM había mantenido sin cambios la gasolina premium en RD$305.10 y la regular en RD$287.50, junto con el gasoil regular en RD$239.80 y el óptimo en RD$257.10. El salto de esta semana confirma que la contención oficial ya empezó a ceder ante la presión internacional. 

La secuencia es clara. En marzo ya se habían aplicado reajustes de RD$10 a las gasolinas y al gasoil, mientras el Gobierno defendía la medida como una corrección fiscal en medio de subsidios millonarios para contener una subida todavía mayor. 

Ese es el verdadero fondo del problema. La República Dominicana sigue dependiendo de un mercado energético que no controla, de rutas marítimas que no protege y de decisiones geopolíticas que no puede influir. Cuando el estrecho de Ormuz se convierte en zona de tensión y la infraestructura petrolera de la región entra en riesgo, el país entero queda expuesto. La Agencia Internacional de la Energía advirtió esta semana que el mundo enfrenta una crisis energética de magnitud histórica, subestimada en sus primeras fases por muchos gobiernos. 

Desde una mirada socialdemócrata, el problema no se agota en el precio del galón. Se trata de cómo una economía dependiente traslada el costo del desorden global a trabajadores, choferes, pequeños negocios y hogares que ya viven bajo presión. Cada aumento en combustibles empuja transporte, alimentos, distribución y servicios. El alza no se queda en la bomba. Se riega por toda la economía.

La decisión de mantener congelado el GLP evita un golpe aún más directo sobre los hogares y el transporte público, pero no cambia la tendencia. El Estado está administrando el impacto, no resolviéndolo. Y administrar no basta cuando el problema es estructural. 

Lo que esta nueva subida deja al desnudo es algo más profundo: la seguridad energética dominicana sigue siendo frágil. Mientras no exista una estrategia seria de diversificación, ahorro, generación propia y menor exposición al petróleo importado, cada guerra lejana seguirá convirtiéndose aquí en inflación doméstica.

El combustible volvió a subir. Pero en realidad lo que volvió a subir fue el precio de nuestra dependencia.

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