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El éxito de las renovables crea un nuevo problema en República Dominicana

Santo Domingo. Durante años el gran desafío energético dominicano fue producir más energía limpia. Ahora comienza a surgir un problema distinto: qué hacer con toda la energía renovable que ya se está generando.

El fenómeno se conoce como curtailment o vertimiento. Ocurre cuando parques solares y eólicos producen electricidad que el sistema eléctrico no puede absorber, obligando a reducir o desconectar parte de la generación disponible.  

A primera vista parece una contradicción.

Mientras el país invierte miles de millones de dólares en energías renovables, una parte de esa electricidad termina desperdiciándose porque la infraestructura y las reglas del sistema no han evolucionado al mismo ritmo que la expansión de la generación.  

Los datos son significativos.

Entre enero y abril de 2026, alrededor del 14 % de la energía renovable generada no pudo ser incorporada al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI). En algunos días específicos el porcentaje de vertimiento llegó incluso a superar el 35 % y el 40 %.  

Paradójicamente, el problema es consecuencia de un éxito.

La energía solar dominicana ha crecido más de 800 % desde 2020 y el país ya obtiene cerca de una cuarta parte de su electricidad de fuentes renovables. La capacidad instalada supera los 2,000 MW y las proyecciones apuntan a unos 2,600 MW para 2028.  

Lo que antes era escasez ahora empieza a ser abundancia.

Pero una abundancia mal gestionada.

El cuello de botella está en las líneas de transmisión, la capacidad del sistema para manejar generación intermitente y la ausencia de suficiente almacenamiento energético.  

Por eso las baterías han pasado de ser una tecnología complementaria a convertirse en una necesidad estratégica.

Diversos actores del sector consideran que el almacenamiento será fundamental para guardar la energía producida durante las horas de mayor radiación solar y utilizarla posteriormente durante los picos de demanda nocturnos.  

El Gobierno ya ha anunciado proyectos de almacenamiento por unos 200 MW que entrarían en operación a finales de este año y ha fortalecido la normativa para exigir baterías en nuevos desarrollos solares de gran escala.  

La noticia contiene una lección interesante.

Durante décadas, República Dominicana fue vulnerable porque dependía demasiado del petróleo.

Hoy enfrenta el reto opuesto: aprender a gestionar eficientemente una creciente producción de energía limpia.

Es un problema mucho más deseable.

Pero sigue siendo un problema.

Y resolverlo será clave para que la transición energética dominicana pase de ser una historia de crecimiento a una historia de eficiencia y competitividad.

Porque producir energía es importante.

Aprovecharla toda es todavía más importante.  

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