Santo Domingo. La alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, se colocó en el primer lugar de un ranking de aprobación de alcaldes elaborado por la firma SONDEOS, consolidando una tendencia que va más allá de la gestión municipal y comienza a tener implicaciones nacionales.
Según el estudio, Carolina Mejía obtuvo la valoración más alta entre los alcaldes evaluados, superando a otros ejecutivos municipales del país. La medición llega en un momento en que el debate sobre la sucesión presidencial dentro del oficialismo empieza a ganar intensidad.
El dato tiene una lectura política evidente.
En República Dominicana, las alcaldías suelen ser plataformas de visibilidad, pero pocas veces se convierten en trampolines reales hacia la Presidencia. Carolina Mejía parece estar rompiendo esa tradición.
Su gestión ha logrado mantenerse relativamente alejada de los grandes escándalos que suelen erosionar la imagen de los gobiernos locales, mientras ha proyectado una imagen de cercanía, continuidad y capacidad administrativa que conecta con una parte importante del electorado.
Sin embargo, el verdadero valor de la encuesta no está en la administración municipal.
Está en lo que revela sobre el escenario político de 2028.
Mientras otras figuras del oficialismo construyen su posicionamiento desde ministerios, estructuras partidarias o presencia mediática, Carolina ha logrado algo que suele ser más difícil: convertir una gestión local en un activo político nacional.
Eso explica por qué cada nueva medición comienza a ser observada no como una encuesta de alcaldes, sino como una fotografía parcial de la carrera presidencial que ya se está configurando dentro del PRM.
El fenómeno también refleja un cambio más amplio en la política contemporánea.
Los votantes muestran cada vez más interés por figuras que pueden exhibir resultados concretos de gestión antes que discursos ideológicos o largas trayectorias partidarias. Gobernar una ciudad se convierte así en una carta de presentación más poderosa que muchos cargos legislativos o posiciones burocráticas.
Por supuesto, una encuesta no gana elecciones.
La popularidad municipal tampoco garantiza éxito nacional. La historia política está llena de dirigentes que dominaron el ámbito local y fracasaron cuando intentaron ampliar su alcance electoral.
Pero las encuestas sí cumplen una función importante: muestran quién está creciendo, quién se estanca y quién logra conectar con la opinión pública.
Y en este momento, los números indican que Carolina Mejía continúa acumulando uno de los activos más valiosos en política: percepción positiva.
Falta mucho para 2028.
Pero cada vez resulta más evidente que cualquier conversación seria sobre la próxima sucesión presidencial tendrá que incluir su nombre entre los protagonistas principales.










