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China apuesta a la inteligencia artificial como nuevo motor de su economía

PEKÍN.– China está colocando la inteligencia artificial en el centro de su estrategia económica y tecnológica, con la intención de convertirla en uno de los nuevos motores de crecimiento, productividad y transformación industrial del país.

La apuesta va mucho más allá del desarrollo de modelos capaces de generar textos, imágenes o responder preguntas.

Pekín busca integrar la inteligencia artificial directamente en las fábricas, la logística, las comunicaciones, la investigación científica, la administración y prácticamente todos los sectores productivos.

La estrategia forma parte del programa conocido como “IA+”, con el que China pretende acelerar la incorporación de estas tecnologías a su economía real durante el período 2026-2030.

Los primeros indicadores muestran la velocidad del proceso.

Durante agosto, la producción industrial china aumentó un 5.2 % frente al mismo mes del año anterior, mientras la manufactura de alta tecnología creció un 16.7 %.

La producción de robots industriales avanzó un 34.6 % interanual.

También se ha disparado la inversión.

Datos oficiales indican que durante agosto las inversiones de capital dirigidas a sectores de vanguardia como inteligencia artificial y robots humanoides aumentaron más de un 100 % respecto al año anterior.

China intenta así repetir con la inteligencia artificial una fórmula que ya utilizó en sectores como vehículos eléctricos, baterías, paneles solares y telecomunicaciones: combinar inversión pública, infraestructura, investigación, empresas privadas y producción industrial a gran escala.

La diferencia es que la IA puede afectar prácticamente todas las actividades económicas al mismo tiempo.

Su impacto potencial no consiste únicamente en crear nuevas empresas tecnológicas.

También puede reducir costos, automatizar procesos, aumentar la productividad de los trabajadores, mejorar decisiones empresariales y acelerar el desarrollo de nuevos productos.

Ese cambio explica por qué Pekín comienza a tratar tecnologías digitales y datos como elementos fundamentales dentro del nuevo modelo productivo chino.

La competencia también tiene una dimensión geopolítica.

Estados Unidos y China mantienen una creciente disputa por el liderazgo mundial en inteligencia artificial, semiconductores, centros de datos, capacidad de cómputo y tecnologías avanzadas.

Washington busca preservar su ventaja tecnológica.

Pekín intenta reducir su dependencia de tecnología extranjera y construir un ecosistema propio capaz de competir en toda la cadena.

La carrera ya no consiste únicamente en tener el mejor modelo de inteligencia artificial.

Consiste en quién consigue convertir primero esa inteligencia en productividad, fábricas, empresas y crecimiento económico.

Y China parece haber entendido que ahí estará buena parte de la próxima batalla industrial del mundo.

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