Pekín. El presidente chino, Xi Jinping, aprovechó el 105.º aniversario del Partido Comunista de China para enviar un mensaje tanto al interior como al exterior del país: el partido seguirá siendo el eje absoluto del poder político, la modernización económica y la proyección internacional de China.
Durante un discurso de unos 40 minutos en el Gran Salón del Pueblo, Xi pidió a los más de 100 millones de militantes adaptarse a los nuevos desafíos sin renunciar al control político que caracteriza al sistema chino. También insistió en profundizar la lucha contra la corrupción, fortalecer la disciplina interna y acelerar el desarrollo tecnológico como motor del crecimiento nacional.
Pero el mensaje más contundente estuvo dirigido al escenario internacional.
Xi volvió a definir la reunificación con Taiwán como una “misión histórica” y aseguró que China se opondrá a cualquier intento separatista o interferencia extranjera. La declaración llega en medio de un aumento de la tensión militar alrededor de la isla y de una creciente rivalidad estratégica con Estados Unidos.
El discurso confirma una tendencia clara.
China ya no habla únicamente de crecimiento económico.
Habla de poder.
Durante décadas, el Partido Comunista justificó su liderazgo por su capacidad para mejorar el nivel de vida de la población. Hoy ese argumento convive con otro objetivo: convertir a China en la principal potencia tecnológica, militar y geopolítica del siglo XXI.
Ese cambio explica buena parte de las tensiones actuales.
Mientras Occidente observa con preocupación el fortalecimiento del Estado chino, Pekín sostiene que necesita un liderazgo fuerte para enfrentar una etapa marcada por desaceleración económica, competencia tecnológica y disputas internacionales.
La estrategia también tiene un costo.
Cuanto más concentra el poder el Partido Comunista, menos espacio queda para el disenso político y la autonomía institucional. Esa centralización ha permitido decisiones rápidas y grandes proyectos nacionales, pero también ha despertado críticas por el aumento del control estatal sobre la sociedad y la economía.
A 105 años de su fundación, el Partido Comunista de China no muestra señales de apertura política.
Todo lo contrario.
Xi Jinping dejó claro que el futuro de China seguirá construyéndose bajo una premisa inalterable: un país más poderoso, pero también un partido cada vez más fuerte.










