Santo Domingo. República Dominicana inicia la semana bajo la influencia de una nueva concentración de polvo del Sahara, acompañada de temperaturas elevadas y lluvias aisladas en algunas provincias, según el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet).
Cada año, el país recibe estas enormes nubes de partículas procedentes del desierto africano. Durante mucho tiempo se trataron como una simple curiosidad meteorológica. Hoy la realidad es distinta.
El polvo del Sahara también representa un desafío para la salud pública.
Las partículas reducen la calidad del aire, incrementan la sensación térmica y pueden agravar enfermedades respiratorias como el asma, la bronquitis y las alergias, especialmente entre niños, adultos mayores y personas con afecciones pulmonares.
El problema es que el país sigue reaccionando como si se tratara únicamente de un pronóstico del tiempo.
No basta con informar que habrá calor y un cielo grisáceo.
Hace falta fortalecer los sistemas de alerta, orientar a la población vulnerable y adaptar actividades escolares, deportivas y laborales cuando las concentraciones alcanzan niveles elevados.
El cambio climático hace que este fenómeno sea cada vez más relevante.
Las olas de calor son más frecuentes, la calidad del aire empeora y las ciudades, con poco arbolado y abundante concreto, retienen aún más temperatura. El resultado es una combinación que afecta directamente la salud y la productividad.
Las lluvias aisladas previstas para este lunes ofrecerán un alivio limitado en algunas localidades.
Pero no serán suficientes para disipar las partículas suspendidas ni para reducir de manera significativa el calor que continuará dominando gran parte del territorio nacional.
República Dominicana necesita empezar a tratar estos episodios como lo que realmente son.
No solo un fenómeno atmosférico.
También un asunto de salud, prevención y adaptación climática.
Porque el polvo del Sahara no puede evitarse.
Lo que sí puede evitarse es que cada temporada encuentre al país igual de desprevenido.










