El presidente colombiano centraliza decisiones, se coloca al frente de la emergencia y provoca polémica por sus primeros movimientos en política exterior
Bogotá. El terremoto que golpeó a Colombia terminó convirtiéndose en la primera gran prueba política para Abelardo de la Espriella.
Apenas días después de asumir la Presidencia, el mandatario tomó personalmente el control de buena parte de la respuesta a la emergencia, multiplicó sus apariciones públicas y colocó su figura en el centro de las decisiones.
De la Espriella ha visitado zonas afectadas, encabezado reuniones con organismos de socorro y anunciado directamente medidas de asistencia y reconstrucción.
El estilo rompe con una conducción más institucional y distribuye buena parte del protagonismo sobre el propio presidente.
Sus aliados lo presentan como liderazgo.
Sus críticos hablan de personalismo.
La discusión ocurre mientras el país todavía enfrenta un balance devastador de muertos, heridos, desaparecidos y miles de viviendas destruidas.
El nuevo Gobierno también ha utilizado la emergencia para acelerar decisiones administrativas y presupuestarias, mientras intenta demostrar capacidad de respuesta en un momento en que apenas comienza a organizar su equipo.
Pero el terremoto no ha detenido otro frente que ya genera polémica: la política exterior.
De la Espriella ha comenzado a modificar rápidamente la orientación internacional heredada de Gustavo Petro y busca reconstruir una relación mucho más estrecha con Estados Unidos.
También ha enviado señales de acercamiento a gobiernos conservadores de la región y adoptado posiciones más duras frente a Venezuela y Cuba.
El giro provoca críticas entre sectores de la oposición, que acusan al nuevo presidente de abandonar la tradición diplomática colombiana y alinear excesivamente al país con Washington.
De la Espriella responde que Colombia necesita recuperar aliados, atraer inversión y reconstruir relaciones deterioradas durante el Gobierno anterior.
Todo ocurre al mismo tiempo.
Un presidente recién llegado.
Un terremoto devastador.
Una oposición movilizada.
Y una política exterior que empieza a cambiar antes de que el nuevo Gobierno cumpla siquiera sus primeras semanas.
De la Espriella llegó prometiendo autoridad.
La emergencia le dio la primera oportunidad para ejercerla.
También la primera para comprobar cuánto puede costarle.










