Estados Unidos asegura haber despejado las principales rutas marítimas y debilitado el control iraní; por el paso circula todavía alrededor de la mitad del petróleo que antes de la guerra
Washington. Donald Trump asegura que la batalla por el estrecho de Ormuz está prácticamente resuelta.
“Esa maldita cosa está abierta”, afirmó el presidente estadounidense al describir la situación en una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
La realidad es más complicada.
Estados Unidos asegura haber eliminado las minas iraníes de las rutas marítimas internacionalmente reconocidas y afirma que sus fuerzas controlan efectivamente buena parte del estrecho.
El Comando Central estadounidense informó que fueron retirados más de 200 objetos sospechosos del canal principal. Según funcionarios norteamericanos, apenas 11 resultaron ser minas reales y solo unas pocas habían sido instaladas correctamente.
También ha aumentado el tránsito.
Funcionarios estadounidenses calculan que actualmente cruzan el estrecho entre 20 y 30 petroleros cada noche, transportando aproximadamente entre 9 y 10 millones de barriles de crudo.
Eso representa cerca de la mitad del volumen que atravesaba Ormuz antes de comenzar la guerra.
Es decir: está más abierto.
Pero todavía no está normalizado.
Datos preliminares del tráfico marítimo muestran además fuertes variaciones entre jornadas, mientras algunas embarcaciones continúan navegando con sus sistemas de identificación apagados por razones de seguridad.
Irán tampoco acepta la versión estadounidense.
Teherán sostiene que mantiene capacidad para controlar el paso y continúa amenazando embarcaciones, aunque Washington asegura que la mayoría de esos intentos recientes han fracasado.
Trump interpreta esa reducción de la efectividad iraní como una derrota estratégica.
Según el presidente, Teherán evita una escalada mayor porque teme nuevos ataques estadounidenses.
Ormuz se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de una guerra que acaba de cumplir seis meses.
Antes del conflicto, por allí circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el mundo.
Su cierre disparó costos energéticos, alteró rutas marítimas y convirtió cada petrolero que logra atravesarlo en una pequeña señal para los mercados.
Trump dice que el estrecho está abierto.
Los barcos están empezando a volver.
Pero todavía pasa la mitad.
En Ormuz, esa otra mitad es precisamente el problema.









