El acuerdo con el Gobierno de Delcy Rodríguez abarca 17 campos y cerca del 22 % de las reservas probadas de Venezuela; Washington tendría participación mayoritaria durante décadas
Washington. Estados Unidos acaba de cerrar un acuerdo para controlar una porción gigantesca del petróleo venezolano.
Donald Trump anunció que Washington tendrá participación mayoritaria sobre proyectos que contienen más de 65,000 millones de barriles de reservas probadas, aproximadamente el 22 % de todo el petróleo conocido de Venezuela.
Delcy Rodríguez confirmó el pacto.
El acuerdo comprende 17 campos petroleros y contempla inversiones privadas superiores a US$100,000 millones para recuperar instalaciones, aumentar la producción y desarrollar yacimientos que llevan años trabajando por debajo de su capacidad.
Venezuela calcula que esos proyectos podrían generar más de US$209,000 millones en impuestos y otros ingresos para el Estado.
Trump lo presentó de otra manera.
Afirmó que la operación “más que duplica” las reservas petroleras estadounidenses y permitirá garantizar petróleo barato y estable para Estados Unidos.
No significa que 65,000 millones de barriles pasen físicamente a formar parte de las reservas estadounidenses.
Lo que Washington obtiene es control mayoritario sobre las empresas y contratos encargados de explotar esos yacimientos venezolanos.
Algunos de los acuerdos contemplan plazos de hasta 100 años.
Chevron aparece entre las compañías involucradas y Halliburton participaría en la recuperación de la infraestructura necesaria para incrementar la producción.
El pacto llega en un momento especialmente conveniente para Washington.
La guerra con Irán y las dificultades en el estrecho de Ormuz han elevado el precio de la energía, mientras las reservas estratégicas estadounidenses se mantienen cerca de mínimos de varias décadas.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta.
Pero explota apenas una fracción de ellas debido al deterioro de su infraestructura, años de sanciones, falta de inversión y problemas políticos.
Ahí aparece la apuesta.
Estados Unidos aporta capital, empresas, tecnología y acceso a mercados.
Venezuela aporta el petróleo.
El acuerdo enfrenta, sin embargo, enormes interrogantes jurídicos.
No está claro hasta dónde el Gobierno interino puede comprometer durante un siglo recursos naturales que constitucionalmente pertenecen al Estado venezolano, ni cuáles serán exactamente los derechos de Washington sobre esos campos.
Tampoco se conocen todavía todos los detalles financieros.
Pero el tamaño del pacto ya está claro.
Estados Unidos no acaba de comprar petróleo venezolano.
Acaba de entrar como dueño mayoritario en el negocio de sacarlo.










