La Unión Europea busca reducir un déficit comercial de casi 1,000 millones de euros diarios, pero depende de Pekín para materias primas esenciales de su propia industria
Bruselas. Europa tiene un problema con China.
Le compra demasiado.
Le vende demasiado poco.
Y necesita buena parte de lo que quiere dejar de comprar.
La Unión Europea prepara una estrategia más agresiva para reducir su enorme desequilibrio comercial con Pekín, después de que el déficit alcanzara cerca de 1,000 millones de euros diarios.
Las importaciones procedentes de China aumentaron aproximadamente 45 % durante los últimos cinco años, mientras las exportaciones europeas hacia el mercado chino están disminuyendo.
Por primera vez, los 27 países de la Unión Europea registran déficit comercial con China.
Bruselas quiere cambiar eso.
El comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, plantea atacar el problema desde ambos lados: conseguir que China compre más productos europeos y controlar mejor la cantidad de mercancías chinas que entra al mercado comunitario.
Funcionarios europeos ya negocian en China y la Comisión espera obtener resultados concretos antes de octubre.
Si no los consigue, Europa amenaza con utilizar más aranceles, investigaciones antidumping, restricciones a compras públicas y otros instrumentos comerciales contra productos y compañías chinas.
El problema es que enfrentarse a China también cuesta.
Pekín domina buena parte de las cadenas de suministro que necesita precisamente la industria que Europa intenta proteger.
La Unión Europea depende de China en más de 80 % para numerosas materias primas críticas y hasta en 90 % para determinadas tierras raras indispensables en semiconductores, vehículos eléctricos, equipos electrónicos, láseres y otras tecnologías avanzadas.
Limitar las importaciones puede proteger fabricantes europeos frente a productos chinos más baratos.
También puede encarecer componentes, aumentar costos industriales y terminar elevando precios para los propios consumidores europeos.
Esa es la paradoja.
Europa quiere reducir su dependencia de China utilizando industrias que todavía dependen de China.
La Comisión trabaja incluso en un mecanismo para ayudar financieramente a empresas europeas que diversifiquen sus proveedores y reduzcan esa exposición.
Pero sustituir cadenas de suministro construidas durante décadas no ocurre mediante decreto.
Bruselas ha decidido endurecerse.
Pekín sabe que tiene una ventaja.
Europa puede ponerle puertas a los productos chinos.
Lo difícil será descubrir cuánto puede cerrarlas sin pillarse los dedos.










