CIUDAD DE MÉXICO.– México prohibirá el uso de teléfonos celulares y tabletas durante toda la jornada escolar en las escuelas primarias y secundarias del país, incorporándose a una tendencia cada vez más extendida en América Latina para limitar las pantallas dentro de las aulas.
La medida comenzará a aplicarse el próximo 3 de noviembre.
Los estudiantes podrán llevar sus dispositivos a los centros educativos, pero deberán mantenerlos guardados tanto durante las clases como en los recreos.
Solamente podrán utilizarse por razones pedagógicas, médicas o de emergencia previamente justificadas.
La decisión fue adoptada por el Consejo Nacional de Autoridades Educativas y contará con lineamientos nacionales elaborados por la Secretaría de Educación Pública.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum sostiene que el objetivo es recuperar la atención de los estudiantes, mejorar la convivencia y reducir los efectos del uso excesivo de pantallas.
La medida recibió un amplio respaldo entre los docentes.
Una consulta realizada por las autoridades educativas a más de 565,000 maestros encontró que alrededor del 81 % favorecía algún tipo de regulación del uso de celulares en las escuelas.
El Gobierno mexicano también advierte que muchos niños y adolescentes pasan varias horas al día frente a pantallas y que una parte considerable del uso de teléfonos dentro de los centros educativos tiene fines recreativos.
La prohibición será más flexible en el bachillerato, donde cada comunidad educativa podrá establecer sus propias normas.
Las universidades conservarán autonomía para decidir sus políticas.
México no está solo.
Brasil ya estableció restricciones nacionales al uso de teléfonos en escuelas públicas y privadas, mientras Chile también ha avanzado hacia limitaciones amplias.
Argentina y Colombia han desarrollado regulaciones y recomendaciones con distintos niveles de severidad.
La discusión ha cambiado rápidamente.
Durante años, el teléfono celular fue presentado como una herramienta inevitable que la escuela debía aprender a incorporar.
Ahora numerosos sistemas educativos comienzan a plantear la pregunta contraria: cuánto aprendizaje se está perdiendo precisamente porque el aparato está siempre presente.
México ha decidido ensayar una respuesta bastante clara.
En la escuela, el celular tendrá que esperar.










