Santiago. El arzobispo metropolitano de Santiago, Héctor Rafael Rodríguez, hizo un llamado a la sociedad dominicana a enfrentar el crecimiento de la violencia desde una visión integral que combine la fe, el fortalecimiento de la salud mental y la recuperación de los valores familiares, durante las celebraciones de Corpus Christi.
El prelado expresó preocupación por el aumento de hechos violentos que han conmocionado al país en los últimos meses, incluyendo feminicidios, violencia intrafamiliar y otros episodios que reflejan un deterioro preocupante de la convivencia social.
Rodríguez insistió en que la respuesta no puede limitarse únicamente al ámbito policial o judicial.
A su juicio, existe una dimensión humana y emocional que requiere atención urgente.
La salud mental, la formación en valores y el acompañamiento familiar forman parte de una misma ecuación.
El arzobispo ha sostenido de manera reiterada durante las últimas semanas que la violencia que vive la sociedad dominicana tiene raíces profundas relacionadas con la formación humana, la educación emocional y la crisis de valores que afecta a numerosos hogares.
Su mensaje coincide con un debate cada vez más presente en el país.
Durante años la discusión sobre seguridad se concentró en patrullas, cárceles y tribunales.
Sin embargo, cada vez más especialistas señalan que detrás de muchos actos violentos aparecen factores como depresión no tratada, trastornos emocionales, consumo de sustancias, aislamiento social y entornos familiares deteriorados.
La reflexión del arzobispo apunta precisamente hacia esa realidad.
La violencia no nace únicamente en la calle.
Muchas veces comienza mucho antes.
En el hogar.
En la soledad.
En la incapacidad de gestionar frustraciones.
En la ausencia de referentes.
En heridas que nadie atiende hasta que terminan explotando.
República Dominicana ha avanzado en infraestructura, crecimiento económico y modernización institucional.
Pero los datos recientes sobre violencia, feminicidios y conflictos familiares sugieren que persiste una tarea pendiente menos visible y mucho más difícil: fortalecer la salud emocional y la cohesión social.
Porque ninguna sociedad puede construir tranquilidad duradera únicamente con más vigilancia.
También necesita ciudadanos capaces de convivir consigo mismos y con los demás.
Y esa batalla, como recordó el arzobispo en Corpus Christi, comienza mucho antes de que intervenga un juez o un policía.










