Michelle Bachelet sostiene que la región posee recursos naturales, capacidad productiva, influencia política y un poder cultural que no ha sabido convertir plenamente en desarrollo y peso internacional.
SANTIAGO. América Latina y el Caribe poseen recursos, población, capacidad productiva e influencia suficientes para desempeñar un papel mucho más importante en el nuevo orden mundial, pero necesitan abandonar su fragmentación y aprender a utilizar conjuntamente esos activos.
Esa es una de las principales conclusiones presentadas durante el cuadragésimo primer período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, celebrado en República Dominicana.
La expresidenta chilena Michelle Bachelet afirmó que las capacidades productivas, humanas y financieras de la región deben ser valoradas en su verdadera dimensión.
“No solo contamos con riqueza bajo el suelo y en la tierra, sino en nuestra gente y nuestras industrias”, sostuvo.
Las cifras ayudan a explicar el planteamiento.
América Latina y el Caribe concentran aproximadamente el 46 % de las reservas mundiales de litio, 35 % de las de cobre, 28 % de grafito y 23 % de tierras raras.
La región es además la principal exportadora neta de alimentos del planeta, alberga cerca de la mitad de la biodiversidad terrestre y posee aproximadamente un tercio de los recursos mundiales de agua dulce.
También cuenta con más de 660 millones de habitantes y una de las matrices eléctricas más limpias del mundo.
Pero buena parte de ese potencial continúa fragmentado.
El comercio entre los propios países latinoamericanos y caribeños representa apenas alrededor del 14 % de sus exportaciones totales, una proporción considerablemente inferior a la registrada en otras grandes regiones económicas.
La comisión de la CEPAL sostiene que el nuevo escenario internacional ofrece una oportunidad para modificar esa situación.
El informe identifica una transformación profunda del sistema global: debilitamiento del multilateralismo, creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, competencia por minerales estratégicos, inteligencia artificial, seguridad energética y cadenas de suministro.
En ese contexto, los recursos latinoamericanos adquieren un valor geopolítico mayor.
Bachelet destacó también un activo menos tangible: la influencia cultural.
La música, la gastronomía, el deporte, la literatura y la identidad latinoamericana y caribeña han construido una presencia global que, según la expresidenta, también puede convertirse en poder político y económico.
El informe defiende además que la región evite alineamientos automáticos con las grandes potencias.
El expresidente colombiano Iván Duque, copresidente de la comisión, planteó que América Latina debe diversificar sus alianzas y construir acuerdos según sus propios intereses.
La CEPAL propone fortalecer instituciones, mejorar la capacidad fiscal de los Estados, combatir conjuntamente el crimen organizado y aumentar la cooperación regional en áreas específicas.
La idea de fondo es sencilla.
América Latina y el Caribe no son una región pobre en recursos ni irrelevante en el escenario internacional.
El problema es que todavía actúan con demasiada frecuencia como si lo fueran.










