La promesa de entregar US$5,000 a cada adulto llega con los bonos del Tesoro cerca del 5 %, inflación en 3.4 % y crecientes dudas sobre cuánto más puede endeudarse Washington sin pagar un precio mayor
Washington. Donald Trump prometió US$5,000 a cada adulto estadounidense si los republicanos ganan las elecciones de noviembre.
Wall Street empezó a hacer las cuentas.
Y no son bonitas.
Si el llamado “Dividendo Trump” alcanzara a unos 270 millones de adultos, el programa podría costar alrededor de US$1.35 billones.
Estados Unidos no tiene ese dinero sobrante.
Su deuda pública ya supera los US$40 billones y el Gobierno federal continúa gastando mucho más de lo que recauda.
El déficit previsto para el próximo año ronda los US$1.8 billones.
Entregar los cheques significaría, por tanto, pedir todavía más dinero prestado.
Y eso ocurre precisamente cuando prestar dinero a Estados Unidos se está volviendo más caro.
La rentabilidad del bono del Tesoro a diez años se ha acercado al 5 %, mientras la deuda a 30 años llegó a superar el 5.3 %, niveles que reflejan creciente preocupación de los inversionistas por la inflación y las cuentas públicas estadounidenses.
Cuando suben esos rendimientos, Washington debe pagar más intereses para financiarse.
También se encarecen las hipotecas, préstamos empresariales y otras formas de crédito dentro de la economía.
La propuesta de Trump añade otro problema.
Inflación.
Los precios aumentan actualmente alrededor de 3.4 % anual y el petróleo volvió a superar los US$100 por la guerra con Irán.
Economistas calculan que si una parte importante de esos US$5,000 termina rápidamente en consumo, la inflación podría aumentar hasta medio punto porcentual adicional.
Eso complicaría todavía más la tarea de la Reserva Federal, que ya enfrenta presiones para mantener o incluso elevar las tasas de interés.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, intenta al mismo tiempo contener el aumento de los rendimientos mediante recompras de deuda.
Washington, en otras palabras, está tratando de convencer a los mercados de que puede controlar su deuda mientras el presidente promete repartir más de un billón de dólares antes de unas elecciones.
Trump sostiene que el dinero podría financiarse parcialmente con ingresos arancelarios y ha planteado limitar el beneficio para contribuyentes de mayores ingresos.
Incluso así, el costo seguiría siendo enorme.
La promesa puede ser electoralmente irresistible.
Cinco mil dólares caben perfectamente en un discurso.
El problema empieza cuando hay que encontrarlos en el presupuesto.










