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Haitianos intensifican extracción de arena del río Masacre y aumentan preocupación ambiental en la frontera

Dajabón. La extracción de arena en el lado haitiano del río Masacre vuelve a generar alarma entre autoridades, ambientalistas y comunidades fronterizas. Según denunció el Ministerio de Medio Ambiente, la actividad se ha intensificado en los últimos meses, aumentando los riesgos para uno de los principales afluentes compartidos entre República Dominicana y Haití.  

El ministro de Medio Ambiente, Armando Paíno Henríquez, expresó preocupación por el impacto que esta práctica puede tener sobre el cauce del río y sobre los ecosistemas asociados a la zona fronteriza.  

La controversia no es nueva.

Desde 2023 diversos reportajes han documentado la presencia de camiones y brigadas que extraen arena de manera continua en territorio haitiano para fines comerciales. Las denuncias se han repetido durante 2024, 2025 y 2026, sin que el fenómeno haya sido completamente detenido.  

Los expertos advierten que la extracción indiscriminada de agregados puede producir:

  • erosión acelerada de las riberas;
  • alteración del cauce natural;
  • pérdida de biodiversidad;
  • incremento del riesgo de inundaciones;
  • deterioro de terrenos agrícolas dependientes del río.  

El asunto tiene además una dimensión estratégica.

El río Masacre no es un afluente cualquiera. Constituye una referencia histórica y geográfica de la frontera entre ambos países. Alteraciones importantes en su cauce pueden generar consecuencias ambientales, agrícolas e incluso jurídicas relacionadas con los acuerdos binacionales vigentes.  

La Cancillería dominicana ya había advertido anteriormente que la extracción irregular de arena en el río podría contravenir disposiciones ambientales y afectar compromisos establecidos en el marco de los tratados entre República Dominicana y Haití.  

Lo más preocupante es que el problema parece haberse normalizado.

Mientras la atención pública suele concentrarse en el canal haitiano o en los temas migratorios, la degradación progresiva del propio río continúa avanzando. Y los daños ambientales tienen una particularidad incómoda: suelen acumularse lentamente y hacerse visibles cuando ya son mucho más difíciles de revertir.

Las fronteras pueden vigilarse con soldados.

Los ríos, en cambio, solo sobreviven si alguien los protege.  

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