Estados Unidos comenzará a poner en el mercado 86 millones de barriles de crudo de su Reserva Estratégica de Petróleo a finales de la próxima semana, como respuesta al salto de precios provocado por la guerra en Oriente Medio y el estrés en rutas clave de suministro.
La medida forma parte de un esfuerzo mayor de estabilización: Washington ha autorizado un volumen total de liberación que puede llegar a 172 millones de barriles, mientras los países de la Agencia Internacional de la Energía preparan una operación coordinada que apunta a 400 millones de barriles a nivel global.
El esquema estadounidense se ejecutará mediante un mecanismo de “intercambio”: el crudo se entrega a compañías privadas con el compromiso de que sea devuelto posteriormente, junto con una prima. La intención es aumentar la oferta disponible en el corto plazo sin convertir la operación en un gasto fiscal directo.
El anuncio llega en un momento en que el mercado petrolero opera con “prima de guerra”. Con el petróleo por encima de los niveles habituales de inicio de año y con el estrecho de Ormuz bajo presión, el precio dejó de responder solo a oferta y demanda: ahora reacciona a titulares militares, riesgos de transporte, seguros marítimos y disponibilidad inmediata de cargamentos.
El objetivo político y económico es claro: bajar la temperatura del mercado antes de que el aumento del crudo se traduzca en gasolina más cara, inflación y un golpe adicional al consumo. La liberación de reservas no resuelve la guerra, pero busca comprar tiempo y contener el pánico del mercado.
En resumen: EE. UU. apuesta por una inyección de crudo de emergencia para enfriar precios, mientras el mundo evalúa si el conflicto se queda en tensión prolongada o escala hacia una crisis energética mayor.










