Santo Domingo, RD. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advirtió que las democracias de América Latina y el Caribe atraviesan una etapa de presión creciente marcada por polarización política, crimen organizado, desinformación, desigualdad y pérdida de confianza institucional.
El informe, titulado “Democracias bajo presión: Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe”, sostiene que la región sigue siendo la más democrática del mundo en desarrollo, pero enfrenta señales de erosión institucional y desencanto ciudadano.
Según el estudio:
- menos de la mitad de la población está satisfecha con el funcionamiento de la democracia
- más del 70 % cree que los gobiernos responden a intereses particulares
- la confianza en autoridades electorales cayó del 47 % en 2016 al 34 % en 2024.
El PNUD señala además que la región enfrenta nuevas presiones “más complejas e interconectadas” que antes:
- polarización extrema
- expansión del crimen organizado
- aceleración tecnológica
- desinformación
- crisis climática
- debilitamiento de partidos políticos.
La subsecretaria general de la ONU y directora regional del PNUD, Michelle Muschett, afirmó que las democracias latinoamericanas no están colapsando de golpe, sino sufriendo procesos graduales de desgaste institucional.
El informe advierte especialmente sobre:
- concentración de poder en liderazgos personalistas
- debilitamiento de contrapesos institucionales
- aumento de discursos polarizantes
- crecimiento de economías ilícitas.
Uno de los datos más delicados es que cuatro de los diez países con mayor violencia política del mundo están en América Latina y el Caribe. Además, en el Caribe casi el 60 % de los homicidios estaría vinculado al crimen organizado.
El documento también habla de una paradoja regional:
la gente sigue prefiriendo la democracia como sistema, pero confía cada vez menos en las instituciones que deberían sostenerla.
El PNUD insiste en que el desafío ya no es solamente “tener elecciones”.
Es lograr que la democracia produzca resultados reales, reduzca desigualdad, genere confianza y mantenga capacidad de gobernar en sociedades cada vez más fragmentadas.
Porque una democracia puede seguir celebrando elecciones…
y aun así empezar a vaciarse por dentro.










