Teherán. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que el mundo se encuentra “al borde de un nuevo orden” y sostuvo que el futuro pertenece al llamado Sur Global, en referencia al bloque de países emergentes que cuestionan la hegemonía occidental.
Ghalibaf vinculó ese cambio geopolítico con la resistencia de Irán frente a las agresiones de Estados Unidos e Israel, asegurando que los últimos 70 días de confrontación han acelerado una transformación histórica en el equilibrio mundial.
El dirigente iraní citó además al presidente chino, Xi Jinping, quien ha hablado de una “transformación no vista en un siglo” para describir la reconfiguración del poder global.
El mensaje de Teherán no es solamente diplomático.
Es ideológico.
Irán intenta presentar su conflicto con Estados Unidos no como una disputa aislada, sino como parte de una lucha más amplia entre el viejo orden dominado por Washington y un nuevo mapa internacional donde China, Rusia, Irán y otros actores del Sur Global ganan peso.
La frase “el futuro pertenece al Sur Global” busca conectar la resistencia iraní con una narrativa mayor:
la pérdida progresiva de influencia de Occidente y el ascenso de potencias no occidentales.
El planteamiento llega en medio de la guerra en Oriente Medio, las tensiones en el estrecho de Ormuz, el bloqueo naval estadounidense y la creciente coordinación entre países que cuestionan el sistema internacional liderado por Estados Unidos.
Para Irán, la confrontación actual no solo se mide en términos militares.
También se mide en términos simbólicos:
quién define las reglas, quién controla las rutas energéticas, quién impone sanciones y quién tiene capacidad de resistirlas.
El discurso confirma que Teherán intenta convertir su resistencia en bandera geopolítica.
No solo contra Washington.
Sino a favor de un nuevo orden mundial donde el poder ya no esté concentrado en Occidente.










