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Larry Ellison imagina un futuro donde todo será grabado: “La gente se portará bien porque estaremos registrándolo todo”

La revolución de la inteligencia artificial no solo está transformando la economía. También está reabriendo una de las preguntas más antiguas de la política: ¿cuánta libertad estamos dispuestos a sacrificar a cambio de seguridad?

Esa fue, en esencia, la idea planteada por Larry Ellison, fundador de  Oracle⁠, cuando describió un futuro en el que la combinación de inteligencia artificial, cámaras, drones y sistemas de monitoreo permitiría registrar prácticamente todo lo que ocurre en la vida pública.  

Su frase más comentada fue contundente:

“Los ciudadanos se comportarán mejor porque estaremos grabando y reportando constantemente todo lo que está ocurriendo”.  

La visión de Ellison parte de una premisa tecnológica simple.

Las cámaras ya están en todas partes.

Teléfonos.

Vehículos.

Puertas inteligentes.

Negocios.

Calles.

Cuerpos policiales.

Lo que cambia ahora es la capacidad de la inteligencia artificial para analizar ese océano de imágenes en tiempo real, detectar comportamientos sospechosos y generar alertas automáticas.  

Sus defensores argumentan que un sistema así podría reducir delitos, mejorar la seguridad pública y aumentar la transparencia institucional.

Sus críticos ven algo muy distinto.

Ven una versión digital del “Gran Hermano” de George Orwell, donde la vigilancia permanente modifica el comportamiento humano no porque las personas sean más libres, sino porque saben que siempre están siendo observadas.  

El debate es especialmente relevante porque ya no pertenece a la ciencia ficción.

Sistemas de reconocimiento facial, monitoreo automatizado, análisis masivo de datos y vigilancia asistida por IA están siendo desplegados en distintos países y organizaciones alrededor del mundo.  

La pregunta de fondo no es tecnológica.

La tecnología ya existe.

La pregunta es política y moral.

¿Quién controla esos datos?

¿Quién vigila a quienes vigilan?

¿Quién decide qué comportamiento merece ser reportado?

Porque una cámara puede registrar un delito.

Pero también puede registrar una protesta.

Una reunión.

Una conversación.

Una disidencia.

Un error humano.

Ellison parece asumir que más vigilancia producirá mejores ciudadanos.

Sus críticos responden que también puede producir ciudadanos más obedientes, más cautelosos y menos libres.

Y ahí está el verdadero dilema del siglo XXI.

La inteligencia artificial promete ayudarnos a verlo todo.

Pero todavía no hemos decidido qué debería hacerse con todo lo que ve.  

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