El presidente colombiano afirmó que sectores políticos y empresariales buscan favorecer al candidato Abelardo de la Espriella en la recta final de la campaña presidencial.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, acusó a Estados Unidos de entrometerse en el proceso electoral colombiano y de favorecer al candidato de derecha Abelardo de la Espriella, en medio de una campaña marcada por la polarización, las acusaciones cruzadas y el peso creciente de Washington en el debate político interno.
Petro señaló directamente al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a quien atribuyó una estrategia para influir en la elección presidencial. Según el mandatario colombiano, sectores de poder en Estados Unidos estarían actuando en alianza con grupos empresariales colombianos para inclinar la balanza electoral y debilitar políticamente a su Gobierno.
El presidente sostuvo que esa supuesta intervención busca beneficiar a De la Espriella, a quien ha presentado como una figura cercana a los intereses de Washington. Petro también afirmó que permitir que una potencia extranjera tome partido en una elección nacional representa una amenaza para la soberanía y la libertad política del pueblo colombiano.
La tensión aumentó luego de que Donald Trump expresara su respaldo a De la Espriella, candidato que ha construido una campaña de mano dura, confrontación frontal con la izquierda y promesas de endurecimiento de la política de seguridad. Del otro lado se encuentra Iván Cepeda, candidato del oficialismo y figura cercana a Petro, quien defiende una agenda vinculada a la paz, los derechos humanos y la continuidad de algunas reformas sociales.
La denuncia de Petro también se produce en un contexto de fuertes choques entre su Gobierno y sectores empresariales colombianos por reformas laborales, sociales y económicas impulsadas durante su mandato. El mandatario ha insistido en que su proyecto busca favorecer a los trabajadores y reducir la influencia de las élites tradicionales sobre el Estado.
Más allá de la disputa electoral, el episodio vuelve a colocar sobre la mesa una vieja pregunta latinoamericana: hasta qué punto las grandes potencias deben intervenir, opinar o presionar en procesos democráticos internos de la región.
Colombia llega a esta fase electoral con una sociedad profundamente dividida entre dos visiones de país: una que promete orden y seguridad mediante políticas de fuerza, y otra que insiste en reformas sociales, paz negociada y ampliación de derechos.
En ese escenario, las acusaciones de Petro elevan aún más la temperatura política y convierten la segunda vuelta colombiana no solo en una disputa nacional, sino también en un nuevo capítulo del pulso entre soberanía latinoamericana, intereses económicos y poder geopolítico.










