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El mayor riesgo de un terremoto en República Dominicana no está en la falla geológica

Santo Domingo. Los terremotos no son el principal problema de República Dominicana. El verdadero problema son las miles de construcciones levantadas sin supervisión técnica, sin estudios estructurales y al margen de las normas de construcción.

Ingenieros consultados por Diario Libre advierten que las edificaciones informales siguen siendo el punto más vulnerable del país frente a un sismo de gran magnitud. Mientras las obras formales pasan por procesos de revisión, inspección y cumplimiento del Código Sísmico Dominicano, una enorme cantidad de viviendas construidas en barrios y comunidades nunca fue diseñada para resistir un terremoto.  

La diferencia es enorme.

Un terremoto es un fenómeno natural. Una tragedia humana, muchas veces, es consecuencia de decisiones tomadas mucho antes de que la tierra empiece a temblar.

Construir sin planos, sin cálculos estructurales, con materiales inadecuados o sin supervisión profesional reduce considerablemente la capacidad de una vivienda para soportar un movimiento sísmico. Y ese tipo de construcciones no son casos aislados. Forman parte del paisaje urbano de buena parte del país.  

Los recientes terremotos en Venezuela han servido como recordatorio de una realidad que República Dominicana suele olvidar cuando desaparecen los titulares.

Vivimos sobre una isla con importante actividad sísmica.

La pregunta nunca ha sido si volverá a ocurrir un gran terremoto.

La pregunta es cuándo.

La buena noticia es que la vulnerabilidad puede reducirse.

Los especialistas explican que incluso muchas viviendas construidas de manera informal pueden ser evaluadas y reforzadas mediante intervenciones estructurales realizadas por profesionales capacitados. No siempre es necesario demoler; muchas veces es posible corregir las deficiencias antes de que ocurra una emergencia.  

Pero eso requiere una política pública sostenida.

No basta con tener un buen Código Sísmico si miles de construcciones nunca pasan por ningún tipo de fiscalización. Tampoco basta con reaccionar después de cada terremoto ocurrido en otro país para luego regresar a la indiferencia.

La prevención rara vez genera titulares.

Sin embargo, es la inversión pública que más vidas puede salvar.

Cada vivienda reforzada hoy puede significar una familia completa con vida mañana.

Porque los terremotos no pueden evitarse.

Lo que sí puede evitarse es que una construcción deficiente convierta un fenómeno natural en una catástrofe nacional.  

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