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Ro Khanna acusa al dinero de tener secuestrada la política en Estados Unidos

Washington. El congresista demócrata Ro Khanna volvió a colocar en el centro del debate una de las mayores grietas del sistema político estadounidense: el poder desmedido del dinero sobre las decisiones públicas.

Khanna, representante de Silicon Valley, afirmó que la política en Estados Unidos está secuestrada por los grandes donantes, las fortunas tecnológicas y una élite económica capaz de influir tanto en Washington como en los partidos tradicionales.

Su denuncia llega en medio de una confrontación abierta con Elon Musk, quien amenazó con demandarlo y llegó a decir que debería estar en prisión, después de que Khanna cuestionara su papel en el desmantelamiento de programas de cooperación internacional durante la administración Trump.

El choque no es solo personal.

Expone una batalla mucho más profunda dentro de Estados Unidos: la disputa entre una democracia formalmente abierta y una estructura de poder cada vez más condicionada por multimillonarios, corporaciones y financistas de campañas.

Khanna también lidera, junto al republicano Thomas Massie, una ofensiva para forzar la publicación completa de los documentos vinculados al caso Jeffrey Epstein. Su argumento es directo: si el sistema protege a los poderosos, entonces no se trata solo de un escándalo judicial, sino de una prueba moral para la democracia estadounidense.

El congresista sostiene que ambos partidos han contribuido a silenciar ese expediente porque toca a grandes donantes y figuras influyentes. Esa acusación resulta especialmente grave porque rompe la comodidad habitual de Washington: culpar siempre al adversario y nunca mirar hacia dentro.

La posición de Khanna representa además una señal del giro que vive una parte del Partido Demócrata.

Frente a un establishment acusado de haberse acercado demasiado a las grandes empresas, figuras progresistas reclaman impuestos más altos a los multimillonarios, salud universal, educación pública gratuita y una política económica más agresiva en favor de la clase trabajadora.

La pregunta es si ese discurso podrá convertirse en poder real.

Estados Unidos atraviesa una etapa de enorme desconfianza institucional, polarización política y concentración económica. En ese contexto, hablar de democracia sin hablar de dinero empieza a parecer una forma elegante de evadir el problema.

Khanna entiende que la batalla contra Trump no puede limitarse a denunciar autoritarismo o corrupción. También debe enfrentar el modelo económico que permitió a un puñado de fortunas acumular una influencia desproporcionada sobre la vida pública.

Esa es la discusión de fondo.

Porque cuando el dinero manda demasiado, el voto empieza a mandar menos.

Y una democracia donde los ciudadanos votan, pero los multimillonarios deciden, termina pareciéndose demasiado a aquello que dice combatir.

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