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Keiko Fujimori gana en Perú y devuelve el fujimorismo al poder

Lima. Keiko Fujimori ganó las elecciones presidenciales de Perú tras imponerse por un estrecho margen al izquierdista Roberto Sánchez, en una segunda vuelta que mantuvo al país en tensión durante varias semanas por la revisión de actas y denuncias de irregularidades.

Con el 100 % de las actas contabilizadas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales informó que Fujimori obtuvo el 50.135 % de los votos válidos, frente al 49.865 % alcanzado por Sánchez. La diferencia fue de apenas 49,641 votos, suficiente para colocar a la líder de Fuerza Popular a las puertas del poder después de tres derrotas presidenciales anteriores.  

El resultado marca el regreso del fujimorismo al Gobierno peruano más de dos décadas después de la caída de Alberto Fujimori, una figura que todavía divide profundamente a la sociedad peruana.

Para sus seguidores, Keiko representa orden, seguridad y estabilidad frente a años de crisis institucional. Para sus críticos, encarna la continuidad de una tradición política asociada al autoritarismo, la polarización y la concentración del poder.

La victoria llega en un país exhausto.

Perú ha tenido una sucesión constante de presidentes, investigaciones, destituciones y conflictos entre el Ejecutivo y el Congreso. La ciudadanía votó en medio de un clima de desconfianza, inseguridad creciente y cansancio frente a una clase política que parece especializada en destruirse a sí misma con entusiasmo casi artesanal.

Fujimori prometió enfrentar el crimen, reactivar la economía y gobernar con firmeza. Pero su principal desafío no será ganar autoridad. Será evitar que esa autoridad vuelva a ser percibida como amenaza.

Roberto Sánchez, por su parte, no ha reconocido el resultado y ha denunciado fraude, aunque hasta ahora sin presentar pruebas concluyentes. Su rechazo amenaza con prolongar la tensión política y abrir una nueva etapa de protestas en un país donde cada elección parece dejar más heridas que certezas.  

El triunfo de Fujimori también confirma un nuevo giro regional hacia la derecha, impulsado por el desgaste de gobiernos progresistas, el avance de discursos de seguridad y el temor ciudadano ante la delincuencia y la inestabilidad económica.

Pero ganar por un margen tan estrecho no entrega un mandato cómodo.

Entrega poder, sí.

También entrega un país partido casi exactamente por la mitad.

Keiko Fujimori llega finalmente a la Presidencia. Ahora deberá demostrar si puede gobernar Perú sin repetir los fantasmas que han perseguido a su apellido durante más de treinta años.

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