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Médicos dominicanos relatan el infierno vivido durante los terremotos en Venezuela

Caracas. Los médicos dominicanos que viajaron a Venezuela para asistir a las víctimas de los terremotos describen una escena difícil de olvidar: hospitales desbordados, jornadas ininterrumpidas, pacientes llegando sin descanso y profesionales obligados a tomar decisiones en cuestión de segundos para intentar salvar el mayor número posible de vidas.  

Los testimonios reflejan una realidad que las cifras no alcanzan a explicar.

Detrás de cada fallecido hay equipos médicos trabajando durante días sin descanso, improvisando quirófanos, atendiendo heridos entre apagones y enfrentando el desgaste físico y emocional que deja una catástrofe de esta magnitud. En algunos casos, la atención tuvo que realizarse en instalaciones adaptadas de emergencia ante el colapso parcial de varios centros hospitalarios.  

La experiencia también pone en evidencia el valor de la cooperación internacional.

Médicos, rescatistas y voluntarios de distintos países han trabajado hombro con hombro para atender una emergencia que supera la capacidad de respuesta de cualquier sistema sanitario cuando miles de personas requieren asistencia al mismo tiempo.

Pero la tragedia deja una lección aún más importante.

La medicina salva vidas después del desastre.

La prevención las salva antes.

Por más preparados que estén los hospitales, ningún sistema de salud puede compensar completamente el colapso de edificios construidos sin criterios técnicos o la falta de planes efectivos de gestión del riesgo.

Los relatos de los médicos dominicanos no hablan únicamente de heridas y cirugías.

Hablan de familias buscando a sus desaparecidos, de pacientes que llegan habiéndolo perdido todo y de profesionales que, pese al cansancio extremo, continúan trabajando porque saben que cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.  

República Dominicana haría bien en escuchar esas historias.

No como un relato lejano, sino como una advertencia.

El Caribe comparte amenazas sísmicas similares y la mejor forma de honrar el trabajo de quienes hoy luchan por salvar vidas en Venezuela consiste en prepararse para que una tragedia semejante encuentre al país mejor equipado, con infraestructura más segura y planes de respuesta más sólidos.

Porque los terremotos duran segundos.

Las cicatrices que dejan acompañan a un país durante generaciones.

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