Santo Domingo Oeste. La muerte del joven Darlin Mercado Reyes, de 19 años, a manos de un cabo de la Policía Nacional, ha dejado mucho más que dolor en Herrera. Ha reabierto una pregunta que la reforma policial todavía no consigue responder: ¿cómo evitar que un agente entrenado para proteger termine convirtiéndose en una amenaza para el ciudadano?
Las imágenes del hecho provocaron indignación nacional.
El agente fue arrestado, puesto a disposición del Ministerio Público y los policías que presenciaron el incidente fueron suspendidos mientras avanzan las investigaciones. El presidente Luis Abinader calificó la actuación del responsable como “incalificable” y exigió una sanción ejemplar.
Pero el verdadero debate no puede terminar con una condena.
Porque el problema no es únicamente un policía.
Es el sistema que debe impedir que un episodio así vuelva a repetirse.
La reforma policial no será evaluada por la cantidad de uniformes nuevos, patrullas adquiridas o manuales aprobados.
Será evaluada por una sola pregunta: ¿disminuyeron los abusos?
Cada caso como el de Darlin erosiona la confianza ciudadana y hace más difícil el trabajo de los miles de agentes que cumplen correctamente con su deber. Un solo abuso puede destruir en segundos la legitimidad que una institución tarda años en construir.
Eso obliga a ir más allá de la reacción.
Hace falta fortalecer la formación, mejorar la supervisión, utilizar cámaras corporales, reforzar los controles internos y garantizar que cualquier uso ilegítimo de la fuerza tenga consecuencias rápidas y visibles.
La ciudadanía necesita saber que la impunidad no forma parte del uniforme.
También es importante evitar el error contrario.
Condenar a toda la Policía por la actuación de un agente sería tan injusto como justificar un abuso para proteger la imagen institucional. Las instituciones fuertes no ocultan sus errores. Los investigan, sancionan y aprenden de ellos.
El dolor que hoy vive Herrera debe servir para algo más que alimentar la indignación de unos días.
Debe convertirse en un punto de inflexión.
Porque una reforma policial no fracasa cuando ocurre un crimen.
Fracasa cuando ese crimen no produce cambios.
Y eso es precisamente lo que República Dominicana ya no puede permitirse.










