Georgia. La familia de Denny Adán González exige una nueva investigación sobre la muerte del cubano de 33 años dentro del centro de detención migratoria de Stewart.
Las autoridades concluyeron que González se ahorcó voluntariamente en su celda el pasado 28 de abril y clasificaron su muerte como suicidio.
Sin embargo, su madre y su hermano rechazan esa versión y reclaman que se esclarezca lo ocurrido durante las horas previas al fallecimiento.
Dos días antes de morir, González había protagonizado un altercado con un oficial de custodia. Tras el incidente fue examinado por una enfermera y trasladado a una unidad de aislamiento.
La evaluación médica documentó que se encontraba físicamente estable y que no había expresado intenciones suicidas.
Personas que compartieron detención con él aseguran que se mostraba esperanzado, hacía ejercicios y animaba a otros migrantes a resistir las duras condiciones del encierro.
Uno de sus antiguos compañeros sostiene que las celdas de castigo son vigiladas constantemente y cuestiona que González pudiera haberse ahorcado sin que ningún guardia lo advirtiera.
Otro detenido confirmó que el cubano había discutido y golpeado a un oficial, aunque admitió no saber si posteriormente se suicidó o fue asesinado.
Las autoridades aseguran que el personal encontró a González suspendido de una sábana y que intentó reanimarlo antes de certificar su muerte.
Su familia también denuncia contradicciones en las fechas oficiales, falta de información y dificultades para comunicarse con los responsables del centro.
El cuerpo permaneció durante semanas en un laboratorio criminalístico mientras sus familiares, residentes en Cuba y España, intentaban reunir dinero para recuperarlo.
La demora provocó su descomposición y terminó haciendo prácticamente imposible una segunda autopsia que pudiera ofrecer nuevas respuestas.
La familia necesitaba cerca de 10,000 dólares para trasladarlo, enterrarlo y realizar el funeral que deseaba su madre. Al no poder cubrir los gastos, finalmente aceptó que fuera cremado.
Denny Adán González se convirtió en una de las 54 personas fallecidas bajo custodia migratoria desde enero de 2025.
Su madre continúa convencida de que no se quitó la vida.
“Quiero que se revele la verdad. A mi hijo lo mató el guardia”, afirma.
El expediente dice suicidio. La familia dice homicidio. Entre ambas versiones queda un hombre muerto, un cadáver que comenzó a descomponerse y una verdad que todavía nadie ha conseguido cerrar.










