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Republicanos convierten a la izquierda demócrata en su principal arma para las elecciones de noviembre

El partido de Trump busca vincular a candidatos moderados con el avance socialista y progresista que sacude internamente al Partido Demócrata

Washington. Los republicanos han encontrado el adversario que quieren enfrentar en las elecciones legislativas de noviembre.

No necesariamente al candidato demócrata de cada distrito.

A toda la izquierda del partido.

La estrategia republicana busca convertir el avance de candidatos progresistas y socialistas en las primarias demócratas en un argumento nacional para disputar los distritos más competitivos del país.

Figuras como Alexandria Ocasio-Cortez y otros dirigentes del ala izquierda serán utilizadas para intentar presentar a candidatos demócratas moderados como parte de un partido que se desplaza hacia posiciones más radicales.

La apuesta llega después de una serie de victorias progresistas que alteraron el equilibrio interno demócrata.

Candidatos respaldados por organizaciones socialistas han derrotado a dirigentes tradicionales en varios distritos y aumentado su influencia en debates sobre salud pública, vivienda, política exterior, impuestos y el papel del Estado.

Para los republicanos, esas victorias ofrecen material electoral.

Su campaña intentará obligar a candidatos demócratas de distritos moderados a responder por posiciones que ellos mismos no necesariamente defienden.

Los demócratas enfrentan así una contradicción.

El entusiasmo progresista puede movilizar votantes jóvenes y sectores descontentos con el establishment, pero algunas de esas posiciones pueden convertirse en una carga en territorios donde las elecciones se deciden por márgenes mínimos.

La batalla es especialmente importante porque el control de la Cámara de Representantes está al alcance de cualquiera de los dos partidos.

Los demócratas necesitan una ganancia neta de apenas tres escaños para recuperar la mayoría.

Los republicanos, por tanto, no necesitan convencer a todo Estados Unidos.

Necesitan impedir que unos pocos distritos cambien de manos.

La izquierda demócrata sostiene que intentar moderar permanentemente el partido fue precisamente una de las razones de sus derrotas anteriores y que los votantes están buscando candidatos dispuestos a romper con el sistema político tradicional.

Los republicanos creen lo contrario.

Piensan que cuanto más visible sea esa izquierda, más fácil será conservar el Congreso.

La elección de noviembre decidirá algo más que una mayoría parlamentaria.

También pondrá a prueba una vieja pregunta de la política estadounidense:

si la nueva izquierda es el futuro del Partido Demócrata o el mejor argumento electoral del Partido Republicano.

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