El fundador de OpenAI esperaba una transformación económica inmediata después de GPT-4, pero reconoce que sustituir sistemas, trabajadores y procesos empresariales está resultando mucho más difícil
San Francisco. Sam Altman pensaba que la inteligencia artificial iba a transformar las empresas mucho más rápido.
Ahora reconoce que se equivocó.
El fundador y director ejecutivo de OpenAI admitió que, después del lanzamiento de GPT-4, esperaba que las compañías comenzaran a reemplazar rápidamente buena parte de su software y modificaran de manera radical sus procesos internos.
No ocurrió.
Altman reconoce ahora que subestimó algo bastante menos emocionante que la inteligencia artificial: la resistencia de la economía a cambiar.
Las grandes empresas tienen contratos, empleados, regulaciones, sistemas informáticos antiguos y procesos construidos durante décadas. Sustituirlos porque apareció una tecnología mejor resulta mucho más complicado de lo que parecía desde Silicon Valley.
La inteligencia artificial sí ha sido adoptada masivamente por usuarios individuales.
Millones de personas utilizan herramientas como ChatGPT para escribir, programar, investigar, estudiar y realizar tareas cotidianas.
Pero incorporar esas capacidades al funcionamiento completo de una empresa es otra historia.
Una compañía necesita garantizar seguridad, privacidad, estabilidad, integración con sus sistemas y, sobre todo, demostrar que la inversión realmente produce dinero o reduce costos.
Ahí la revolución se vuelve más lenta.
Altman también esperaba que la IA permitiera a nuevas empresas destruir rápidamente a compañías tradicionales de software mediante productos mucho mejores y más baratos.
Eso tampoco ha ocurrido a la velocidad prevista.
Las empresas existentes han tenido tiempo para incorporar inteligencia artificial a sus propios productos y defender sus mercados.
El reconocimiento llega en un momento incómodo para la industria.
Las grandes tecnológicas están invirtiendo cantidades gigantescas en chips, centros de datos y energía bajo la expectativa de que la demanda empresarial crecerá de manera extraordinaria durante los próximos años.
La tecnología avanza.
La infraestructura también.
Pero la economía real todavía intenta alcanzarlas.
Altman no cree que la revolución haya fracasado.
Cree que tardará más.
La inteligencia artificial podía aprender en meses.
El error fue pensar que las empresas también.










