El papa reivindica los valores cristianos de solidaridad y dignidad humana durante su visita a Francia y advierte contra las políticas que alimentan la división entre los pueblos.
METZ, FRANCIA. El papa León XIV defendió este lunes una Europa abierta al diálogo, comprometida con la acogida de los migrantes y capaz de superar sus divisiones políticas, durante la última jornada de su visita oficial a Francia.
El pontífice pronunció un discurso en el Centro de Congresos Robert Schuman, en Metz, ante el presidente francés, Emmanuel Macron, y representantes europeos, en un momento marcado por los debates sobre inmigración, identidad nacional y el futuro de la integración europea.
León XIV sostuvo que Europa debe recuperar los principios que hicieron posible su reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente la dignidad humana, la cooperación internacional y la solidaridad entre las naciones.
El papa recordó que la civilización europea se desarrolló mediante el encuentro de diferentes pueblos y culturas y defendió que esa capacidad de integración debe mantenerse frente a los desafíos contemporáneos.
Uno de los asuntos centrales de su intervención fue la inmigración.
El pontífice reclamó vías legales y seguras para quienes abandonan sus países, mecanismos efectivos contra las redes de tráfico de personas y políticas de acogida e integración que respeten tanto la dignidad de los migrantes como las sociedades que los reciben.
Sus planteamientos adquieren especial relevancia en Francia, donde la inmigración y la identidad nacional ocupan un lugar importante en el debate político y en las posiciones defendidas por la extrema derecha.
Durante una conversación con lectores, una periodista de Le Monde interpretó que las posiciones del pontífice sobre la acogida, la dignidad humana y el rechazo al miedo resultan incompatibles con determinadas propuestas de esos movimientos políticos.
León XIV, sin embargo, no mencionó expresamente a la extrema derecha en su discurso de Metz.
Durante otra intervención de su visita, celebrada ante jóvenes en el Estadio de Francia, el pontífice también había recurrido a la figura de Juana de Arco para pedirles que combatieran las fuerzas que dividen a las personas y enfrentan a unos pueblos contra otros.
Su mensaje en Metz incorporó además una advertencia sobre los conflictos armados.
El papa lamentó el regreso de la guerra a Europa y reclamó valentía política para negociar soluciones, recordando que la construcción europea nació precisamente de la necesidad de impedir nuevas confrontaciones entre países que habían protagonizado dos guerras mundiales.
También cuestionó la idea de que el incremento del armamento constituya, por sí solo, una garantía de paz.
Macron participó en el encuentro y posteriormente asistió a la misa celebrada por León XIV en la catedral de Saint-Étienne, después de modificar su agenda inicial.
La visita cerró cuatro días de actividades del pontífice en Francia, durante los cuales también abordó los abusos sexuales dentro de la Iglesia, la protección de las víctimas y los desafíos sociales y tecnológicos contemporáneos.
En Metz, su intervención dejó una posición definida sobre el futuro europeo: recuperar las raíces históricas y cristianas del continente sin renunciar al diálogo con otras culturas, la protección de la dignidad humana y la cooperación internacional.










