Los candidatos intercambiaron acusaciones sobre corrupción, economía, seguridad y soberanía a una semana de la segunda vuelta presidencial.
SÃO PAULO. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro protagonizaron este domingo su primer enfrentamiento directo de la campaña presidencial brasileña, en un debate marcado por acusaciones de corrupción, ataques personales y constantes interrupciones.
El encuentro, transmitido por Band TV, duró cerca de dos horas y se celebró exactamente una semana antes de la segunda vuelta del próximo 25 de octubre.
Flávio Bolsonaro llegó al debate después de terminar primero en la primera vuelta, con aproximadamente 47 % de los votos frente al 45 % obtenido por Lula.
Ambos candidatos habían evitado enfrentarse directamente durante la primera etapa de la campaña.
La confrontación comenzó rápidamente.
Bolsonaro acusó al presidente de representar una estructura política vinculada durante décadas a escándalos de corrupción y cuestionó las denuncias relacionadas con familiares y antiguos aliados del mandatario.
Lula respondió atacando al senador por las investigaciones abiertas alrededor de sus relaciones financieras y por sus presuntos vínculos con el exbanquero Daniel Vorcaro.
Bolsonaro niega haber cometido irregularidades.
Uno de los momentos más tensos ocurrió cuando Lula desafió a su rival a que ambos permitieran una revisión completa de sus finanzas personales antes de la segunda vuelta para determinar si existen movimientos que necesiten explicación.
La corrupción no fue el único tema.
Bolsonaro atacó directamente al Gobierno por el precio de los alimentos y preguntó a Lula cuánto tiempo hacía que una familia brasileña podía comprar carne con tranquilidad.
El presidente defendió su gestión económica y destacó la reducción del desempleo, los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación y sus programas de asistencia social.
En materia de seguridad, Bolsonaro prometió endurecer la política contra las principales organizaciones criminales brasileñas, clasificarlas como grupos narcoterroristas y construir más de medio millón de nuevas plazas penitenciarias.
Lula defendió una estrategia centrada en fortalecer las instituciones policiales y cuestionó las políticas de seguridad defendidas por la familia Bolsonaro.
También hubo un fuerte choque sobre política exterior.
Lula acusó a los Bolsonaro de subordinar los intereses brasileños a Estados Unidos y recordó las gestiones realizadas por integrantes de la familia en Washington durante los enfrentamientos entre Donald Trump y el Gobierno brasileño.
Bolsonaro rechazó las acusaciones y sostuvo que la política exterior de Lula aproxima al país a gobiernos y organizaciones que considera perjudiciales para los intereses de Brasil.
El tono personal dominó buena parte del encuentro.
Lula llegó a llamar “miliciano” a Bolsonaro al negarse a permanecer cerca de él durante una de las intervenciones.
El senador respondió con una referencia a las antiguas condenas por corrupción de Lula, que posteriormente fueron anuladas por la Justicia.
Los candidatos también involucraron en sus ataques a miembros de sus respectivas familias.
El formato del debate, que permitía a ambos caminar libremente por el escenario y acercarse mientras el contrario hablaba, contribuyó a aumentar la tensión.
En varios momentos hablaron simultáneamente hasta hacer difícil entender el intercambio.
Las propuestas concretas ocuparon menos espacio que las acusaciones.
El enfrentamiento refleja la polarización con la que Brasil entra en la última semana de campaña.
Bolsonaro intenta conservar la ventaja con la que terminó la primera vuelta y consolidar el apoyo de los sectores conservadores que respaldaron a otros candidatos.
Lula busca movilizar especialmente a los aproximadamente 33 millones de brasileños que no acudieron a votar en la primera ronda.
Ambos volverán a enfrentarse el próximo 23 de octubre en un último debate televisado.
Dos días después, Brasil votará.
El primer debate mostró que ninguno parece dispuesto a llegar tranquilamente hasta las urnas.










