Mark Carney busca una relación inédita con el bloque europeo que facilite comercio, trabajadores, defensa, energía e inteligencia artificial sin convertir formalmente al país en miembro de la UE
Ottawa. Canadá está considerando una idea que hace apenas unos años habría parecido geográficamente absurda y políticamente innecesaria.
Acercarse a la Unión Europea hasta convertirse en una especie de “miembro asociado”.
El Gobierno de Mark Carney explora con Bruselas la creación de un estatus especial que permita a Canadá integrarse mucho más profundamente con el mercado y las capacidades estratégicas europeas sin convertirse formalmente en uno de los 27 miembros del bloque.
El giro tiene un origen bastante claro.
Estados Unidos.
La relación comercial entre Ottawa y Washington se ha deteriorado durante el segundo mandato de Donald Trump, con nuevos aranceles, represalias canadienses y el fracaso de las últimas negociaciones para detener la guerra comercial.
Canadá vende aproximadamente dos tercios de sus exportaciones a Estados Unidos.
Carney quiere reducir esa dependencia.
La propuesta que discuten funcionarios canadienses y europeos buscaría facilitar el movimiento de bienes, servicios y trabajadores especializados, especialmente en áreas consideradas estratégicas como energía, defensa, inteligencia artificial y minerales críticos.
También se estudian proyectos conjuntos de infraestructura, entre ellos cables submarinos, redes satelitales y mecanismos para aumentar las exportaciones energéticas canadienses hacia Europa.
No existe actualmente una categoría automática de “miembro asociado” de la Unión Europea que Canadá simplemente pueda solicitar.
Sería necesario construir un acuerdo prácticamente a medida.
Y Bruselas parece dispuesta a estudiarlo.
Canadá ya tiene un tratado de libre comercio con la UE y recientemente profundizó su cooperación con la industria europea de defensa.
La ministra canadiense de Exteriores incluso participó este mes, por primera vez, en una reunión informal de ministros de Exteriores de la Unión Europea.
Carney viajará esta semana a Estrasburgo y se dirigirá al Parlamento Europeo, en otra señal de hasta dónde está llegando el acercamiento.
El movimiento no significa que Canadá vaya a abandonar su relación económica con Estados Unidos.
Sería prácticamente imposible hacerlo.
Ambas economías llevan décadas construidas una alrededor de la otra.
Lo que Ottawa intenta es algo diferente.
Tener una segunda puerta.
Durante generaciones, Canadá construyó su prosperidad mirando hacia el sur.
Donald Trump consiguió que empezara a mirar hacia el otro lado del Atlántico.










