Pekín. China continúa acelerando la modernización de su fuerza naval. El portaaviones Liaoning, la primera plataforma de este tipo incorporada por la Armada china, concluyó más de 40 días de ejercicios en el mar de China Meridional y el Pacífico occidental, en unas maniobras que incluyeron nuevas tácticas de combate y operaciones de largo alcance.
Aunque Pekín presenta estas actividades como parte de su programa anual de entrenamiento, los ejercicios reflejan algo más profundo: la transformación de China en una potencia naval capaz de operar cada vez más lejos de sus costas.
Según reportes de medios chinos, el Liaoning ensayó nuevas formas de coordinación con otras unidades navales y aeronaves de apoyo, buscando aumentar su capacidad de combate en escenarios complejos. El objetivo ya no parece ser únicamente aprender a operar un portaaviones, sino perfeccionar una fuerza de combate capaz de proyectar poder en todo el Indo-Pacífico.
La evolución es significativa.
Cuando el Liaoning entró en servicio en 2012, muchos analistas occidentales lo describían como una plataforma de entrenamiento destinada a enseñar a China las operaciones básicas de aviación naval. Hoy el país dispone de tres portaaviones operativos y desarrolla doctrinas cada vez más sofisticadas para emplearlos en operaciones conjuntas.
El avance preocupa especialmente a Estados Unidos, Japón y Taiwán.
Las recientes maniobras se desarrollaron en zonas estratégicas del Pacífico occidental, donde Pekín busca ampliar su capacidad para desafiar la presencia militar estadounidense y ejercer mayor presión sobre Taiwán. Los ejercicios también forman parte de un esfuerzo más amplio para convertir a la Armada china en una fuerza de “aguas azules”, capaz de operar de manera sostenida lejos de territorio continental.
La paradoja es que China todavía está lejos de igualar el poder naval estadounidense. Estados Unidos mantiene una ventaja considerable en número de portaaviones, experiencia operativa y presencia global.
Pero la tendencia es clara.
Cada nuevo ejercicio, cada despliegue más lejano y cada mejora tecnológica reducen gradualmente una brecha que hace dos décadas parecía insalvable.
Lo que está ocurriendo en el Pacífico no es simplemente una serie de maniobras militares.
Es la construcción lenta y constante de una nueva correlación de fuerzas.
Y esa es precisamente la noticia que Washington observa con mayor atención.










