Mientras el Gobierno activa medidas para amortiguar el golpe internacional del petróleo, se está dibujando una escena muy dominicana: los empresarios apoyan, pero la gente duda.
Y no es una contradicción rara. Es la foto de cualquier crisis: el sector productivo mira estabilidad, continuidad y previsibilidad; el ciudadano mira el precio del galón, el supermercado y el pasaje. Uno piensa en macro. El otro vive en micro.
Por qué los empresarios dicen “sí”
Los principales gremios empresariales han reaccionado de manera relativamente favorable a las medidas anunciadas por el Gobierno para enfrentar el shock energético, sobre todo por tres razones:
- Evitan un salto brusco
Los subsidios y los ajustes graduales reducen la posibilidad de un golpe inmediato al consumo que frene ventas, producción y empleo. - Protegen la estabilidad
Para el empresariado, lo peor en una crisis es la improvisación. Un plan con reasignación presupuestaria, control de impacto social y continuidad de inversión pública se lee como “gestión”, no como pánico. - Dan señales de orden fiscal
El mensaje de “reorganizar partidas sin aumentar el gasto total” suele tranquilizar a quienes piensan en tasas, financiamiento, confianza y clima de inversión.
En resumen: el empresario puede no estar celebrando, pero prefiere un gobierno que amortigüe el shock a un gobierno que deje que el mercado reviente la economía interna.
Por qué la ciudadanía dice “no estoy seguro”
En la calle, el apoyo es más difícil porque la lógica es otra: la gente no compra “estabilidad macroeconómica” en el colmado. Compra arroz, pollo, gas, pasaje y tanque lleno.
Y por eso la duda se sostiene sobre cuatro ideas repetidas:
- “Esto siempre termina subiendo todo”
Combustibles arriba, fletes arriba, comida arriba. La gente no espera teorías: espera factura. - Desconfianza por experiencias previas
Muchos ciudadanos sienten que “las medidas no se sienten” o se sienten tarde, mientras los precios suben rápido. - Miedo a que el sacrificio sea desigual
La pregunta silenciosa es: ¿quién aguanta más, el Estado o el ciudadano? - El entorno está demasiado incierto
Si la guerra sigue, la gente sospecha que cualquier alivio será temporal y que lo duro viene después.
El punto clave: credibilidad
Aquí no se trata solo de economía, sino de confianza. El Gobierno puede tener un plan sólido, pero si la población no lo cree o no lo entiende, el plan se vuelve frágil políticamente.
Por eso, el reto real no es solo subsidios o ajustes. Es demostrar, con hechos y claridad, que:
- los subsidios están focalizados donde de verdad duele,
- el GLP se protege por impacto social,
- los alimentos se defienden con medidas concretas,
- y el Estado también se aprieta el cinturón, no solo la gente.
Conclusión
La economía no se cae por falta de planes. Se cae cuando la gente siente que la crisis es eterna y que siempre la paga el mismo. Hoy, el empresariado está apoyando porque ve estabilidad. La ciudadanía está dudando porque ve precios. La tarea del Gobierno es cerrar esa brecha antes de que la duda se convierta en rabia.










