El Gobierno cerró el ejercicio fiscal de 2025 con un déficit de RD$136,903 millones, una cifra que retrata, sin maquillaje, el balance entre lo que el Estado recaudó y lo que tuvo que gastar para sostener servicios, inversión y obligaciones financieras.
Dicho de forma simple: el país no “se quedó sin dinero”, pero gastó más de lo que ingresó, y esa diferencia se cubre con financiamiento (deuda) y ajustes internos de caja. No es una rareza dominicana: es la forma en que muchos Estados amortiguan choques, sostienen programas sociales y mantienen obras en marcha. El problema no es que exista déficit, sino cuánto, para qué y por cuánto tiempo.
¿Por qué el déficit importa?
Porque el déficit es el termómetro de tres cosas:
- Costo de sostener el Estado
Nómina, transferencias, subsidios, salud, educación, seguridad y servicios públicos. - Pago de deuda e intereses
En contextos de tasas altas y volatilidad global, los intereses se vuelven una factura pesada. - Capacidad de invertir sin ahogarse
Si el déficit se dispara, el Estado suele recortar inversión o subir impuestos, y ambas opciones duelen.
El contexto: 2025 fue un año de presión
El cierre fiscal ocurrió en un entorno donde el Gobierno tuvo que manejar presiones internas y externas: subsidios para contener choques (combustibles, por ejemplo), demandas sociales, proyectos de inversión pública y un escenario financiero internacional más caro para endeudarse.
En términos prácticos, el déficit de RD$136,903 millones indica que el Estado estuvo operando con un margen limitado: sosteniendo gasto social e inversión, pero pagando el precio financiero de hacerlo.
¿Es alarmante?
Depende de dos preguntas que son más importantes que el titular:
- ¿El déficit se usó para inversión y protección social o para gasto improductivo?
- ¿La trayectoria está bajando, estabilizándose o creciendo?
Si el déficit se mantiene controlado y el Gobierno logra que la economía crezca y la recaudación mejore, el peso relativo del déficit se vuelve manejable. Si la economía se enfría o suben demasiado los costos externos (petróleo, fletes, tasas), el margen se estrecha y el déficit empieza a sentirse en el bolsillo.
Qué debe mirar la gente (sin tecnicismos)
- Combustibles y energía: cuando suben, el Estado suele subsidiar, y eso agranda el déficit.
- Tasas de interés: si el dinero prestado se encarece, el déficit se vuelve más costoso.
- Inversión pública: recortarla frena empleo y crecimiento, pero sostenerla exige disciplina fiscal.
El punto final
El déficit de RD$136,903 millones no es un titular para asustar, pero sí es un recordatorio: la estabilidad fiscal no se sostiene con discursos, sino con recaudación eficiente, gasto bien priorizado y capacidad de aguantar choques externos sin hipotecar el futuro.
Porque en un mundo donde el petróleo se dispara por una guerra y los mercados se ponen nerviosos por un estrecho, el déficit deja de ser una cifra de contables. Se convierte en política real.










