Santo Domingo. Un año después del colapso del techo de la discoteca Jet Set, el director del Centro de Operaciones de Emergencias, Juan Manuel Méndez, confesó que la tragedia sigue viva en su memoria y en su conciencia. El funcionario admitió que aún escucha, en su mente, los gritos de aquella madrugada, en un testimonio que vuelve a poner rostro humano a uno de los episodios más devastadores de la historia reciente del país.
La tragedia del Jet Set dejó más de doscientas víctimas mortales y decenas de heridos, en un operativo que movilizó a múltiples instituciones del Estado durante horas de búsqueda, rescate y recuperación. Desde entonces, la imagen de Méndez quebrado en llanto quedó grabada en la memoria nacional como una de las escenas más duras de aquel desastre. Él mismo describió entonces la operación como la tarea más difícil que le había tocado enfrentar en dos décadas al frente del COE.
Ahora, a doce meses del derrumbe, sus palabras revelan que el tiempo no ha borrado el peso emocional de aquella jornada. Más allá de los balances oficiales, de los expedientes y de las cifras, el Jet Set sigue siendo una herida abierta para quienes estuvieron allí, para los rescatistas que trabajaron entre escombros y para las familias que aún viven el duelo.
El testimonio de Méndez también recuerda algo incómodo: las tragedias no terminan cuando se apagan las cámaras. Continúan en la cabeza de quienes buscaron sobrevivientes, en la memoria de quienes perdieron a los suyos y en la conciencia de un país que todavía no logra cerrar del todo ese capítulo.
A un año del Jet Set, la conmoción no pertenece solo al pasado. Sigue presente en la voz de quienes estuvieron allí y en el eco de una madrugada que República Dominicana todavía no consigue olvidar.










