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La inteligencia artificial ya está encareciendo los productos de Apple

Cupertino. La revolución de la inteligencia artificial acaba de presentar otra factura para los consumidores. Apple anunció un aumento de aproximadamente un 20 % en los precios de varios modelos de iPad, Mac y otros dispositivos, una decisión impulsada por el fuerte encarecimiento de las memorias RAM y los chips de almacenamiento, cuya producción está siendo absorbida por la explosiva demanda de centros de datos para IA.  

La noticia confirma un fenómeno que hasta hace poco parecía reservado a la industria tecnológica: la inteligencia artificial no solo está transformando el software, también está alterando el precio del hardware.

Los grandes fabricantes de memoria, como Samsung, SK Hynix y Micron, han redirigido buena parte de su producción hacia chips de alto rendimiento utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial. La consecuencia es una menor disponibilidad de memorias para computadoras, tabletas y otros dispositivos de consumo, lo que ha disparado los costos en toda la industria.  

Durante meses, Apple logró contener el impacto gracias a contratos de suministro firmados antes de la crisis. Pero esos acuerdos expiraron y la empresa terminó trasladando parte del incremento a los consumidores. Los iPhone, por ahora, quedan fuera de esta primera ronda de aumentos, aunque la compañía no descarta nuevos ajustes si la situación persiste.  

Lo ocurrido con Apple demuestra que ni siquiera la empresa con mayor capacidad de negociación del sector puede escapar a las nuevas reglas del mercado.

Y eso debería llamar la atención.

Si Apple necesita subir precios, es probable que otros fabricantes también lo hagan. Computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes y otros equipos podrían seguir encareciéndose durante los próximos meses a medida que la inteligencia artificial continúe absorbiendo una proporción cada vez mayor de la producción mundial de memorias.  

La paradoja resulta evidente.

La IA promete aumentar la productividad, acelerar la innovación y abaratar numerosos procesos. Pero, al mismo tiempo, está provocando una competencia feroz por componentes que antes parecían abundantes, elevando el costo de la tecnología que utilizan millones de personas.

La inteligencia artificial ya no solo consume electricidad.

También consume memoria.

Y mientras continúe creciendo la carrera mundial por desarrollar modelos cada vez más potentes, es probable que esa presión siga llegando hasta el bolsillo de los consumidores.

La próxima gran revolución tecnológica podría terminar siendo, también, una de las más caras.  

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