Santo Domingo. La tuberculosis continúa golpeando con fuerza a sectores vulnerables del Gran Santo Domingo como Capotillo y Gualey, donde las condiciones de hacinamiento, pobreza y acceso limitado a servicios de salud favorecen la propagación de una enfermedad que sigue siendo prevenible y curable.
Aunque suele percibirse como una enfermedad del pasado, la tuberculosis sigue siendo uno de los principales problemas de salud pública del país. Cada año se detectan entre 3,000 y 4,000 casos, y cerca de la mitad se concentran en la región metropolitana.
El problema, sin embargo, no es únicamente sanitario.
Es social.
La tuberculosis encuentra terreno fértil donde faltan viviendas dignas, buena alimentación, acceso oportuno a atención médica y condiciones adecuadas de higiene. No es casualidad que los mayores focos aparezcan precisamente en comunidades donde esas carencias se acumulan desde hace décadas.
Eso obliga a cambiar la forma de abordar la enfermedad.
No basta con distribuir medicamentos o ampliar las pruebas diagnósticas. El tratamiento existe y es gratuito en la red pública, pero mientras persistan las condiciones que facilitan el contagio, los casos seguirán reapareciendo.
La enfermedad también carga con otro enemigo: el estigma.
Muchas personas retrasan la búsqueda de atención por miedo al rechazo o a perder su empleo, permitiendo que el contagio continúe dentro de sus hogares y comunidades. Combatir la tuberculosis exige también combatir la desinformación.
República Dominicana ha fortalecido en los últimos años su capacidad de diagnóstico y seguimiento, incorporando pruebas moleculares y ampliando la cobertura del programa nacional. Pero los avances médicos tienen un límite cuando las condiciones sociales permanecen prácticamente intactas.
Capotillo y Gualey no son el problema.
Son el síntoma.
Cada caso de tuberculosis recuerda que la salud pública no comienza en un hospital, sino en la calidad de la vivienda, la nutrición, el saneamiento y las oportunidades que ofrece una comunidad.
Mientras esos factores no cambien, la enfermedad seguirá encontrando nuevos pacientes.
Y el país continuará tratando las consecuencias de un problema cuyo origen está mucho antes del primer diagnóstico.










