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“Tengo sed”: Iglesia lanza una denuncia social que el país no puede seguir ignorando

En medio del tradicional Sermón de las Siete Palabras, la Iglesia Católica en República Dominicana hizo algo más que predicar: denunció.

No de forma abstracta. No en lenguaje decorativo.

Denunció una “sed” real: de justicia, de consuelo y de identidad en la sociedad dominicana. 

La reflexión, presentada por la religiosa Zoila María Mercedes López durante el Viernes Santo, tomó como punto de partida una frase bíblica sencilla pero poderosa: “Tengo sed”. Pero lo que parecía un mensaje espiritual terminó siendo un diagnóstico social.

Porque esa sed no es simbólica.

Se manifiesta —según la Iglesia— en:

  • ciudadanos que reclaman servicios públicos dignos
  • enfermos que pierden la esperanza
  • mujeres, niños y migrantes que exigen respeto a su dignidad  

Y en algo aún más incómodo: una sociedad donde la política deja de servir para servir.

La crítica fue directa. Se habló de un pueblo “exprimido” por quienes deberían representarlo, y de la necesidad de una Iglesia más cercana a los pobres. 

Traducción sin filtro: no es solo un problema espiritual. Es un problema de poder.

Una radiografía social en plena Semana Santa

El mensaje no se quedó en lo general.

Apuntó a heridas concretas:

  • feminicidios que dejan niños en la orfandad
  • hogares convertidos en espacios de violencia
  • jóvenes perdidos en la búsqueda de identidad, muchas veces en redes sociales
  • una sensación creciente de vacío y desesperanza  

No es la primera vez que la Iglesia dice algo así. Pero el contexto lo vuelve más relevante: crisis social acumulada, desconfianza institucional y una sensación general de que el país avanza… pero no necesariamente mejora para todos.

Más que religión: un llamado político en el sentido más profundo

Desde una mirada socialdemócrata, este tipo de pronunciamientos no son anecdóticos.

Son señales.

Cuando una institución históricamente conservadora empieza a hablar de dignidad, desigualdad y abandono, lo que está haciendo no es solo predicar. Está llenando un vacío.

El vacío de políticas públicas que no llegan.

El vacío de un Estado que muchas veces aparece tarde.

El vacío de una sociedad que normaliza lo inaceptable.

Porque la “sed” de la que habla la Iglesia no es metafísica.

Es estructural.

Es la sed de quien no recibe servicios básicos de calidad.

La de quien no encuentra justicia.

La de quien no sabe dónde encajar en un país que cambia rápido, pero no incluye igual.

La advertencia que nadie quiere escuchar

Hay una frase que atraviesa todo el mensaje: la gente está buscando respuestas en “otras aguas”.

Eso incluye:

  • redes sociales como sustituto de identidad
  • salidas extremas ante la desesperanza
  • incluso decisiones radicales frente al vacío existencial

La advertencia es dura: cuando el sistema no ofrece sentido, la gente lo inventa… o se pierde buscándolo.

Lo que realmente está en juego

Este no es un discurso religioso más.

Es una señal de alarma.

Porque cuando la Iglesia habla de sed, está hablando de carencia.

Y cuando una sociedad acumula demasiadas carencias, deja de ser estable… aunque lo parezca.

La pregunta no es si el mensaje es correcto.

La pregunta es más incómoda:

¿cuántas veces más hay que decir lo mismo para que deje de ser un sermón… y se convierta en política pública?

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